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martes, enero 15, 2019

Fernando Broncano: "La inteligencia artificial determinará una reingeniería de las relaciones y consumos."


Fernando Broncano (1954) es doctor en Filosofía por la Universidad de Salamanca y catedrático de Filosofía de la Ciencia en la Universidad Carlos III de Madrid. Especialista en cuestiones vinculadas a la tecnología, la filosofía y la cultura, ha publicado recientemente Cultura es nombre de derrota (2018), un libro que bucea en las relaciones tejidas entre la cultura y el poder, en un recorrido histórico que recobra el origen y significados del término que en la actualidad se utiliza como cliché en todos los contextos y bajo toda circunstancia. 

Muchos especialistas anuncian que la actual revolución tecnológica hará desaparecer trabajos haciendo surgir otros nuevos. ¿Qué diferencia existe en nuestra época respecto a anteriores revoluciones tecnológicas?

Comienzo por la pregunta para tratar después la frase que la encabeza. Respecto a otras revoluciones tecnológica (la microelectrónica de los años 60, la eléctrica de los años veinte, la del uso de combustibles derivados del petróleo de comienzos del siglo XX, la de la industria química del XIX, la tecnología del vapor de comienzos del XIX, etc.) la actual se caracteriza por la explotación de la información y no solamente la energía o las materias primas. La información abarca desde lo microfísico (nanotecnologías), pasando por lo biológico (bioingenierías) al mundo de lo digital y a la vida cotidiana a través de los big data y las analytics. Del mismo modo que los siglos XIX y XX explotaron la energía, las sociedades contemporáneas han descubierto el poder de los datos representados como información por los poderosos medios de tratamiento tecnológico. En los niveles más complejos implica el uso de tratamientos que aprenden por sí mismos y toman decisiones. Son las inteligencias artificiales, que realizan tareas que hasta hace poco solamente parecían ser el dominio de lo humano, e incluso en velocidad y cantidad de datos superan a las capacidades humanas. Estas nuevas tecnologías, como ocurre en las grandes revoluciones, influyen para que otras tecnologías se adapten a su uso, e incluso los hábitos sociales son transformados por su influencia. El resultado final es una progresiva “reingenierización” de todos los pasos de la producción al consumo, incluyendo también todas las ingenierías sociales como la comunicación, la seguridad o la organización social. Esto ya se ha producido múltiples veces (Marx detectaba en el Manifiesto comunista que esta transformación era la regla más que la excepción bajo la hegemonía de la burguesía), pero ahora tiene una peculiaridad, que es el hecho de que puede afectar como fuentes de mercantilización a muchas de las funciones humanas, por ejemplo, y quizás sea lo más importante, la atención. 
Respecto a la desaparición del trabajo, la respuesta es doble. En primer lugar, no está clara cual será la tasa de sustitución de trabajo humano por trabajo de máquinas. Puede ser que la implantación de trabajo de máquinas, por ejemplo, en automóviles autónomos, exija una considerable cantidad de trabajo humano de control, de servicios sociales de coordinación, etc. Las inteligencias artificiales son muy buenas en entornos bien definidos, pero tienen dificultades en entornos abiertos e impredecibles y, por suerte o desgracia, el entorno humano es así: abierto e impredecible. En segundo lugar, si lo anterior estuviese equivocado, algo que desgraciadamente es dudoso, simplemente plantearía un problema nuevo de ingeniería social, el de cómo redistribuir el trabajo en las sociedades para producir lo mismo empleando menos trabajo, de modo que se vaya disolviendo la distancia entre trabajo mecánico y trabajo creativo. Pero esto nos lleva a la necesidad de una conciencia social diferente sobre el lugar del trabajo y la superación de su mera concepción como mercancía para permitir la reproducción humana para concebirlo como un ejercicio de creatividad y transformación del orden en beneficio de la vida y de la sociedad. 

¿Qué implicancias tiene la edición de genes recientemente realizada en China por He Jiankiu?

Las técnicas CRISP entrañan el uso de un mecanismo biológico de corta y pega de ADN empleado ya por las bacterias. Su descubrimiento y uso abre múltiples campos de trabajo e investigación que son muy sensibles por los potenciales riesgos múltiples que afectan a la trama global de la vida y, en el caso del ser humano, al mismo fundamento de la reproducción social. Son técnicas, como tantas otras, que deben de estar sometidas a un riguroso control ético y político. Lo que ha ocurrido con He Jiankiu es que ha sucumbido a la política de competitividad tecnológica que ha instaurado el gobierno chino y que subordina el cambio tecnológico a deseos políticos y económicos más que una reflexión ética. Construir niños a medida, tal como parece insinuar su experimento de edición de los genomas en la fecundación in vitro para introducir un gen que produzca resistencia innata al HIV, abre un escenario más que peligroso si no se controla desde el comienzo. Todos los pronunciamientos éticos y políticos de las comunidades científicas prohíben el diseño de humanos no terapéutico. Es ahora el momento para detener la proliferación de estas investigaciones sin control- 

¿Por qué se extiende el movimiento antivacunas?

El movimiento antivacunas que se extiende epidémicamente por el mundo es uno de los signos más claros de la nueva forma de sociedad del conocimiento en la que estamos entrando. Internet ha modificado sustancialmente las relaciones de autoridad de los expertos en todos los campos, pero especialmente en el de la salud y el bienestar. Cada quien se ha convertido en un experto en sí mismo y la salud de sí y sus familiares. ¿Quién no lee artículos de popularización médica? Las secciones de alimentación, salud y sexualidad de los periódicos están ya manteniendo a las de noticias y política. En los años noventa me preguntaba cómo sería una sociedad sin institución-ciencia. Pensaba que, como la democracia, la ciencia es también un invento reciente (ambas con unas breves anticipaciones en Atenas y Alejandría respectivamente) y posiblemente ambas son tan perecederas como lo fueron en Grecia. Ahora lo estamos viendo, también en los dos casos. Los declives de la democracia y de la ciencia van rápidos y de la mano. Bienvenidos al mundo de las redes. Al menos es más barato. En vez de sistemas públicos de salud tendremos consultas a la red en 5G que nos informarán mejor de lo que nos conviene a nosotros y a nuestros hijos. En el siglo VII de nuestra era la tecnología romana y bizantina alcanzó picos desconocidos en la historia. Bizancio podía defenderse de bárbaros y enemigos mediante poderosas armas y barcos, pero nadie era capaz de leer las matemáticas alejandrinas. Allí se desarrolló la fase siguiente del conocimiento que llamamos "discusiones bizantinas". Nihil novum sub sole.

¿Es la expansión de las pseudociencias, en materia de salud, una reacción inversamente proporcional a la deshumanización de la medicina occidental?

Posiblemente. Hay múltiples factores que llevan hacia el crecimiento de las pseudo-ciencias: uno es la sospecha extendida, y por desgracia bastante confirmada, de que múltiples veces la industria de la salud subordina al beneficio propio los intereses generales. Otro es la facilidad de acceso a textos y opiniones en la red que están fuera del sistema controlado por pares de la investigación científica. La cuestión es que muchos de estos textos transmiten ideas que no siempre están basadas en la experiencia científica, en la discusión abierta y en los controles rigurosos de prueba, que son caros, lentos y llevan tiempo. El resultado es que la gente se acoge a las esperanzas que suscitan ciertas promesas de salud o felicidad sin que sus promotores hayan pagado el costo del control de calidad científica de sus propuestas. El deseo y la esperanza, tan humanos, sin embargo, pueden llevar a la ceguera y al pensamiento mágico. En otros tiempos, la religión cubría estas zonas oscuras de la racionalidad humana, ahora lo hacen las pseudociencias. 

Prof. Nicolás Martínez Sáez
Nota publicada en el diario La Capital de Mar del Plata. Buenos Aires, Argentina

lunes, noviembre 13, 2017

Juegos de mesa: “Nos estamos integrando a un mundo del cual estuvimos distantes”

Fabián Martínez Torre es docente, ludotecario y difusor de juegos de mesa. Fundador de Ludicamente y parte del equipo organizador del 6º Encuentro Nacional de Juegos de Mesa que se realizará los días 18 y 19 de noviembre en la ciudad de Mendoza. Antes, se refirió al auge de los juegos de mesa en nuestra actual sociedad hipertecnologizada.

¿Qué es Ludicamente y a qué se dedica?

Ludicamente es una entidad conformada por un equipo de profesionales con la misma intención y diversos saberes, que se dedica a la difusión y capacitación de, con y para los juegos de mesa, con una inclinación hacia los adolescentes, jóvenes y adultos. Realiza todo tipo de eventos lúdicos y organiza también capacitaciones. Asimismo realizamos encuentros de difusión abiertos en forma regular todos los segundos y cuartos sábados de cada mes. 

Próximamente se llevará a cabo el 6º Encuentro Nacional de Juegos de Mesa en la ciudad de Mendoza, ¿quiénes concurren a este encuentro y a qué se debe este auge de los juegos de mesa en nuestro país? 

El evento es abierto y gratuito, por lo tanto todo el mundo está invitado a participar. Desde el colectivo organizador consideramos dos tipos de públicos: los que ya forman parte del mundo de los juegos de mesa y los que aún no (el público masivo). Y tenemos ofertas para ambos públicos. Con respecto al momento que están viviendo los juegos de mesa en Argentina, tiene que ver con que formamos parte de un mundo globalizado, y (tecnologías mediante) nos estamos integrando muy de a poco al mundo del cual estuvimos distantes durante muchas décadas. En realidad esta creciente que están viviendo los juegos de mesa en el mundo, también se ve reflejada aunque en menor medida en nuestro país, gracias al trabajo de mucha gente que lucha para integrar a la Argentina al mundo de los juegos de mesa. En cuanto a la 6ª edición del Encuentro Nacional de Juegos de Mesa se realiza bajo el eje: “El Juego Bien cultural” y en pos de la federalización del mismo es que el año pasado se realizó en Córdoba y este en Mendoza, la organización está a cargo de un colectivo de agentes lúdicos, tales como La Cantera Ong; Tribu, Juegos que juntan; Mendozen; Espejo de Mundos; Tiempo de rondas; el FRA (Frente Rolero Argentino) y Ludicamente, y vienen a exponer y presentar sus juegos editoriales de todos lugares del país, y de países vecinos, también vamos a contar con presentación de prototipos de innovadores productores que apoyan el encuentro y se vienen desde lugares remotos. Porque el espíritu del ENJM es el Encuentro. 

¿Cómo han impactado los videojuegos en el mundo de los juegos de mesa? 

La industria de los videojuegos ya ha demostrado su potencial al exceder en facturación a la industria del cine; por ello resulta que tiene varias opciones en cuanto a capacitación, infraestructura y salida laboral. Esto de alguna forma ayuda a los juegos de mesa, ya que poseen la misma raíz y metodología de diseño, y un marco teórico similar del que se sirven mutuamente. 

¿Cuáles son los problemas que enfrentan los diseñadores y productores de juegos de mesa independientes? 

Muchos. En Argentina el primer inconveniente con el que debemos lidiar es la falta de cultura lúdica entre los adultos, en el siglo pasado nos hicieron creer que los adultos no debían jugar, que era improductivo. Consecuentemente en la actualidad no tenemos un mercado que tenga el volumen que debería ni que sea conocedor de los niveles de calidad que debería exigir como usuario. Luego todos los inconvenientes que esto trae aparejado, industria para producir en tiempo, forma, calidad y precio; la distribución es otro problema importante, solo por mencionar los más relevantes. 

¿Qué diferencias existen entre los nuevos juegos de mesa que se están desarrollando y los juegos más tradicionales (Juego de la Vida, Monopoly y TEG) que tanto se han expandido masivamente en nuestro país? 

Acá me gustaría hacer una aclaración, en la actualidad hay dos grandes líneas filosóficas en cuanto a los juegos de mesa. Una americana y otra europea, esta última es bastante joven (unos 20/30 años) y obviamente nuestro país aún no se ha dado por enterado (siempre hablando a niveles masivos o de jugadores tradicionales) de su existencia y es por ahí (creo yo) por donde viene esta “nueva ola” de juegos de mesa, o juegos contemporáneos o lo que algunos llaman juegos de autor. Aquí normalmente solo son ofrecidos los juegos clásicos (históricos) y los tradicionales (que son generalmente de la línea americana). 

¿En que se diferencian los juegos americanos de los europeos? 

Las diferencias son muy claras, por ejemplo unos son para muchos y tienen eliminación de jugadores y los otros, son para menos gente y si quieren jugar de a más hay expansiones o el tiempo de duración, unos son semieternos o al menos largos (midiéndose en horas) y otros rondan los 45/90 minutos. Unos hacen claro hincapié en la temática y son muy visuales y tiene muchas fichas muy elaboradas, generalmente en plástico, mientras que los otros hacen uso de materiales nobles (mucha madera) y poseen mucha simbología, poniendo el acento en la mecánica. Rescatamos, que ambos respetan al autor. Igualmente vale aclarar que el hecho de que un juego obedezca a una filosofía no implica que sea de ese lugar, en América se hacen euros y viceversa. 

Prof. Nicolás Martínez Sáez
Nota publicada en el diario La Capital de Mar del Plata. Buenos Aires, Argentina. Link: http://www.lacapitalmdp.com/juegos-de-mesa-nos-estamos-integrando-a-un-mundo-del-cual-estuvimos-distantes-games/

lunes, abril 24, 2017

Miguel Angel Quintanilla: “El futuro de la humanidad no está escrito por la tecnología”

Miguel Ángel Quintanilla es catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Salamanca. Ganador del premio de Ensayo Fundesco en 1988 con su obra “Tecnología: un enfoque filosófico” es un referente obligado para todo aquel que quiera indagar en las problemáticas surgidas en la rama más joven de la filosofía: la filosofía de la técnica. Conversé con él y con gran amabilidad contestó mis preguntas.

¿Qué relaciones existen entre la ciencia y la tecnología en la actualidad?

Las tecnologías más innovadoras y más eficientes se nutren de los resultados más avanzados de la investigación científica. Pensemos en las tecnologías de la información y la investigación en física del estado sólido. O en la tecnología armamentista y la física nuclear. Por otra parte, gracias a la tecnología, la ciencia puede explorar con nuevas herramientas ámbitos de la realidad que durante siglos se han considerado inaccesibles: el espacio, el cerebro, la biología molecular… Esto ha hecho que algunos expertos se inclinen a hablar del conglomerado “tecnociencia” como una nueva realidad, en la que se confunden valores epistémicos como la verdad o la objetividad y valores tecnológicos como la efectividad o la eficiencia. Creo que es un error. La ciencia y la tecnología están íntimamente entrelazadas en la sociedad actual, pero no son lo mismo. Si las confundimos corremos el riesgo de perder a una de las dos o a ambas: un proyecto tecnológico (si es científicamente viable) se puede hacer realidad por decisión política o por intereses económicos, pero su viabilidad científica sólo se puede establecer mediante el razonamiento y la demostración empírica.

¿Cuáles son los principales desafíos que presenta la filosofía de la tecnología?

Se ha desarrollado mucho en las últimas décadas. Pero su desarrollo ha estado muy condicionado por una visión determinista del desarrollo tecnológico. Poco a poco hemos ido entendiendo cada vez mejor que la tecnología es una empresa humana, y que su desarrollo no es ni automático ni ineludible. Necesitamos comprender mejor los factores que influyen en el desarrollo tecnológico, y asumir más activamente la responsabilidad humana sobre el mismo. Este sería el principal desafío de la filosofía de la tecnología: ayudarnos a comprender y a asumir nuestra responsabilidad sobre el desarrollo tecnológico.

¿En qué medida nuestro sistema económico y social depende de la innovación? ¿Cómo puede afectarlo la robotización masiva de empleos en las próximas décadas?

Los economistas piensan que la innovación es el factor más importante para el aumento de la productividad, y por eso es la fuerza que más decisivamente potencia el crecimiento económico y el bienestar social. Esto vale para muchos tipos de innovación, pero especialmente para la innovación tecnológica de carácter radical. Ahora bien, deberíamos acostumbrarnos a pensar en la innovación (y en el crecimiento económico) como una opción, no como una obligación. Ante cada encrucijada civilizatoria casi siempre hay una panoplia entera de posibilidades de acción, todas ellas con contenido innovador. El reto es optar por aquellas posibilidades tecnológicas que sean más coherentes con nuestros principios e intereses como seres humanos. Yo creo, por ejemplo, que es muy posible que en los próximos años desaparezcan millones de empleos en actividades rutinarias que podrán ser realizadas por nuevos robots, sencillos y baratos. Pero eso solo quiere decir que deberíamos estar ya tomando decisiones para ordenar la irrupción de la robótica en la vida cotidiana, en el mercado de trabajo, en la educación, etc. Es urgente.

El filósofo José Ortega y Gasset ha sido precursor de la filosofía de la técnica con la “Meditación de la técnica” de la década del treinta. ¿Qué vigencia tiene aún la obra de Ortega?

Creo que es, a pesar de su brevedad y sencillez, la obra más importante que se escribió en el siglo XX sobre la técnica. Sigue siendo de plena actualidad y yo recomiendo a mis alumnos que la tengan como libro de cabecera. Hay dos ideas allí que no deberíamos olvidar: la primera es que la técnica es parte esencial de la condición humana (somos humanos porque creamos nuestra propia realidad transformando el entorno a través de la técnica). Y la segunda es que esa condición humana es esencialmente creativa: no usamos la técnica para satisfacer nuestras necesidades, sino para inventárnoslas (para satisfacer nuestras “necesidades superfluas”, dice Ortega, con su peculiar estilo).

¿Cuál es su opinión respecto del transhumanismo y su postulación optimista de un futuro de fusión entre el ser humano y la tecnología?

No me desagrada la música, pero sí la letra de la canción transhumanista. Creo que en el trasfondo hay una visión determinista de la técnica con la que no estoy de acuerdo. El mismo objetivo de “fusión del ser humano y la tecnología”, chirría en mi visión de la técnica: ésta es, en si misma, parte y resultado de la actividad humana intencional. Es cierto que el propio desarrollo tecnológico puede llevar a cambios radicales en la especie humana. Pero no estoy tan seguro de que los cambios, por ser radicales y nuevos, sean en sí mismos deseables. El futuro de la humanidad no está escrito por la tecnología actual: al revés, la humanidad actual tiene en sus manos la responsabilidad de definir cómo va a ser la tecnología del futuro. Creo que siempre debemos tener en cuenta cuáles son nuestros objetivos humanos y debemos hacer que nuestras innovaciones tecnológicas respondan a ellos. Hay un principio moral que me parece que deberíamos mantener en filosofía de la tecnología y que dice algo así como “No todo lo que se puede hacer debe ser hecho”. A veces el discurso transhumanista parece responder al principio contrario: “Todo lo que se pueda hacer se hará”. No estoy de acuerdo.


Prof. Nicolás Martínez Sáez
Nota publicada en el diario La Capital de Mar del Plata. Buenos Aires, Argentina.

lunes, marzo 20, 2017

Entrevista a Martín Hilbert: "La tecnología no es determinista, hay que construirla socialmente"

Martín Hilbert es alemán, Doctor en Ciencias Sociales y PhD en Comunicación. Es profesor en la Universidad de California y asesor tecnológico de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, tiene un enfoque multidisciplinario que se centra en las relaciones entre las comunicaciones, la información y la economía desde la perspectiva de los sistemas complejos. Conversé con él sobre Big Data, sus consecuencias en la vida cotidiana, su utilización en la política y los problemas filosóficos que genera.

¿Qué es el Big Data y cómo puede influenciarnos en nuestra vida cotidiana?

MH: La expresión Big Data se refiere a que los datos son muy grandes y, realmente, son muy grandes. Los datos crecen a una tasa anual del 30%, especialmente los datos digitales. La economía, cuando crece y nos va bien, crece entre 1% y 5%. En el mundo de hoy, según mis estimaciones, se pueden almacenar 5 zetabytes (ZB). Un zetabyte es un 1 con veintiún ceros (1021 bytes), un número muy grande. Si usted tomaría esta información y la pone en libros formando una pila, ¿hasta dónde cree que esta pila llegaría? ¿llegaría hasta la Luna o hasta el Sol? La verdad es que, en el año 2014, cuando hice la última estimación, esta pila llegaría 4.500 veces al Sol y cada dos años se duplicaría. Hoy probablemente habría 8.000 pilas que llegan al Sol. Por lo tanto, es mucha información cuando se la compara con la información de la vida, incluso con la de nuestro ADN. La información digital ya es cinco veces más grande que la información ADN en cada célula de cada ser humano.
Creo que es importante entender qué masivo es esta huella digital que dejamos sin saber. La dejamos, entre otros, con nuestros celulares. En África, donde el 50% de la población no tiene certificado de nacimiento y sin embargo poseen celulares que han penetrado en la sociedad en un 90%, se supone que cuando un celular camina por la calle existe una persona ligada a ese celular porque no se tiene otra evidencia de que existan estas personas. Simplemente se está mapeando esta realidad social que antes no existía.
Si usted tiene Gmail o Google Maps instalado en su teléfono, hay una página (www.google.com/maps/timeline) donde se puede ir y ver dónde usted estaba en los últimos tres años. En cualquier caso no lo comparta con su esposo o su esposa porque lo va a llevar a discusiones muy interesantes (risas) pero Google lo sabe y nosotros le damos el permiso cuando aceptamos los términos de la licencia al instalar la aplicación. ¡Sí, todo el texto que hacemos scroll hacia abajo sin leer! Del otro lado, Google nos dice: “nosotros le damos estos servicios gratis y ustedes nos pagan con sus datos”. Es un modelo de negocio y cuando hablás con la gente de Google no hay ninguna mala conciencia, es un negocio donde hay servicios gratuitos como Gmail o Google Maps a cambio de datos.
La tecnología de Big Data también está siendo utilizada por diversas empresas privadas. Por ejemplo los Call Centers. Cuando uno llama a una central de asistencia telefónica siempre escucha un mensaje como: “Este llamado podría ser grabado…” y claro…usted piensa que puede ser el jefe de recursos humanos que escucha para controlar que lo traten bien. Bueno, eso no es lo que pasa. Serían muchas llamadas para el pobre jefe de recursos humanos (risas). En un porcentaje grande de los Call Center son cerca de 10.000 algoritmos que lo escuchan a usted mientras habla, clasifican su personalidad en seis diferentes cajas, si usted está motivado por emociones, acciones, etc. Este análisis se hace en tiempo real y para que funcione sólo necesita tres o cuatro frases suyas. Luego se lo conectará con una persona del Call Center que tenga la misma psicología que usted para aumentar la satisfacción de su llamado.

En un reciente artículo usted explica que en las campañas presidenciales 2012 de Obama y 2016 de Trump se ha echado mano del Big Data. ¿Cómo es que los políticos han obtenido ventajas de esta tecnología? ¿Cómo han logrado acercarse a los votantes por medio de las redes sociales?

MH: Obama fue pionero en esto y en su campaña 2012 gastó 1.000 millones de dólares para contratar cuarenta ingenieros de compañías como Twitter, Google, Facebook, tres profesionales de póker, un experto en células madres etc. y estas personas crearon perfiles de 16 millones de votantes indecisos en EE.UU. Antes se tenía una lista, unas pocas estimaciones y menos categorías para cada persona. En 2012 ya eran 16 millones de personas con innumerables características que se obtienen de diferentes bases de datos. El resultado de esto es la posibilidad de hacer un marketing personalizado. Y si estás a favor del aborto o en contra del aborto, dependiendo de eso, será el mensaje que recibas. Y si Obama tiene 50 ideas con las que no estás de acuerdo sólo te mandará las tres ideas con las que sabe que estarás de acuerdo. Con el tiempo, te estará convenciendo hasta que llegues a decir: “Ah, mirá que bien esto, me gusta lo que Obama dice”. Este es el target marketing que se hace uno por uno y, a través del cual, también se puede contactar a los amigos de los indecisos. Esto posibilita predecir con una exactitud impresionante los resultados de la votación, y la posibilidad de cambiar el 80% de los votantes no decididos. Estos 1.000 millones de dólares realmente valieron la pena porque hicieron ganar a Obama la elección.
Cuatro años más tarde, en las elecciones del 2016, Trump lo hizo con 250 millones de perfiles. En el debate con Hillary Clinton, Trump planteó un argumento, los algoritmos crearon 175 mil versiones de este mensaje con variaciones en la imagen, el color, el subtítulo, la explicación etc. y se enviaron de manera personalizada. Si Trump decía “estoy de acuerdo con el derecho a poseer armas”, las personas miedosas recibían ese mensaje con una imagen de un criminal entrando en una casa y las personas patriotas recibían el mensaje con una imagen de un tipo que se está yendo de caza con su hijo. Dos versiones del mismo argumento de Trump, pero aquí crearon 175 mil versiones de este mensaje.
Es un lavado de cerebro que nada tiene que ver con la democracia. George Orwell se pegaría un tiro si estuviera vivo porque ni él se imaginó algo así. Los mensajes te dicen exactamente lo que quieres escuchar. Esto es populismo puro. La democracia siempre estuvo ligada a las posibilidades informacionales que tenía cada sociedad. Para Aristóteles la democracia no podía funcionar más allá de un radio de 70 km ya que la información no podía viajar más que esa distancia en un día. En EE.UU. se crearon los colegios electorales por cada Estado porque el viaje en caballo de costa a costa tardaba una semana. Como la información no era accesible a la gente, se necesitó todo este constructo representativo. En cambio, con la tecnología actual todo este constructo puede ser convertido en una dictadura informacional. Esto es lo que más me preocupa y hay que decirlo abiertamente ya que la democracia representativa de esta manera no funciona y es completamente inútil.

En una entrevista, el historiador israelí Yuval N. Harari sostuvo que si se disponen de suficientes datos biométricos los algoritmos nos dirán qué estudiar, a quién votar y con quién casarnos, ¿saben los algoritmos más de nosotros que nosotros mismos? ¿tomarán ellos decisiones por nosotros?

MH: Una vez que hayas hecho entre 100 y 250 “Me gusta” en Facebook, es posible predecir tu orientación sexual, tu origen étnico, tus opiniones religiosas y políticas, si usas drogas y si tus padres son separados o no. Con 150 “Me gusta”, los algoritmos pueden predecir el resultado de tu test de personalidad mejor que tu pareja. Con 250 “Me gusta”, mejor que tú mismo. Este estudio, realizado en Cambridge, fue tomado por un empresario que creo Cambridge Analytica, la empresa que contrató Trump para la campaña. Cuando usted le daba un “Me gusta” a la página de Facebook de Trump, éste podía acceder a ti y a tus amigos. Así hizo la campaña. Por otro lado, Netflix, por ejemplo, es capaz de saber exactamente quién eres con un 84% de exactitud con los datos de entre seis a ocho películas que usted esté evaluando para ver.

En el libro Big Data. La revolución de los datos masivos, V. Mayer-Schönberger y K. Cukier, señalan la ventaja que significó la utilización de las miles de consultas en Google para identificar a los afectados por el virus de la gripe aviar y porcina H1N1 en el año 2009. Sin embargo estaría la posibilidad de que una prestadora de servicios de salud, por ejemplo, posea datos sobre los alimentos que compramos, nuestras actividades físicas, etc. y nos rechacen como afiliados o aumenten el abono a aquellos que somos sedentarios y comemos seguido en hamburgueserías rápidas. ¿Podrían los datos atentar contra el individuo? ¿Se debe limitar el Big Data?

MH: Pues sí, el Big Data es una tecnología que se puede usar para el bien o para el mal. Un martillo se puede usar para colgar un cuadro y no se puede colgar un cuadro sin algo similar a un martillo, se necesita uno. Pero también con un martillo se puede matar a alguien. No es la culpa del martillo, es simplemente una herramienta y el Big Data es una herramienta tecnológica. Obviamente la idea es usarla para lo bueno, para lo que se llama constructivismo que es lo contrario al determinismo. Y el Big Data es una tecnología y no es tecnológicamente determinística como ninguna tecnología lo es. Por otro lado, no es tan nuevo el uso de datos para rechazar afiliados o aumentar un abono sino que siempre se han usado para fijar o discriminar precios. Un joven de 21 años con un auto deportivo va a pagar más seguro de auto que una madre con un auto familiar y dos niños, porque la probabilidad que el joven haga un accidente es más alta que la madre que lleva a los hijos en el auto y que por eso va a manejar de manera más cautelosa. Ya es así y no necesitamos el Big Data porque estamos muy acostumbrados a eso. También la discriminación de precios para un economista no es nada malo porque la oferta y la demanda van así y se pregunta: ¿cuánto estás dispuesto a pagar por un producto? Con el ejemplo del seguro de salud, en algunos países, se dice que no se debe discriminar por eso y ésto es una pregunta política. Si una sociedad cree que no se debe discriminar en el caso de salud entonces hay que poner leyes. En EE.UU. no es tan claro, se da la discusión si se debe discriminar o no en salud. Pero no es cosa del Big Data, sino que la sociedad tiene que crear las leyes para que la misma sociedad pueda hacer algo bueno con la tecnología. Insisto: la tecnología no es determinista, hay que construirla socialmente.

Algunos divulgadores del Big Data afirman que "los datos hablan por sí mismos" y que en el futuro "el mundo se guiará más por datos que por las hipótesis". C. Anderson lo ha dicho con todas las letras en un artículo de la revista Wired: "es el fin de la teoría". Por el contrario, algunos filósofos que piensan el tema, como el coreano Byung-Chul Han, sostienen que hoy, frente a la abundancia de datos que hacen tanto ruido, las teorías son más necesarias que nunca. Los datos masivos, ¿requieren de una teoría que aclare el mundo antes de explicarlo o pueden prescindir de ella?

MH: Cada dato por definición viene del pasado. Tiene que venir del pasado porque una vez que lo registramos, en ese momento ya pasó. La expresión “tiempo real” no funciona. De los datos mismos la única recomendación que se puede hacer es que el futuro sea igual al pasado. El problema es que queremos que el futuro sea diferente del pasado. Queremos un mundo sin contaminación, sin pobreza, sin guerras y no tenemos datos de un mundo sin contaminación ni de un mundo sin pobreza. Los estadísticos dicen: “tenemos en el norte de Europa un país donde no hay pobreza como Suecia y podemos extrapolar sus datos para evaluar la pobreza de América Latina”. ¡No! ¡Así no es la cosa! El problema es que no tenemos datos sobre una América Latina sin pobreza y lo que podemos hacer es “en teoría” imaginarnos una América Latina sin pobreza, pero esto es “en teoría”. Los datos mismos no nos lo pueden decir. Por lo tanto, la teoría, todavía, es muy importante.
Una teoría no siempre es una visión de un genio sino que puede ser un modelo cuantitativo. Por ejemplo, hoy en día usamos muchas simulaciones computacionales, es como jugar SimCity, donde recreamos sociedades sin contaminación, sin pobreza y vemos lo que pasa y muchas veces nos sorprende. De repente, jugando al SimCity, sube la tasa de desempleo y no sabes porqué, es como el gobierno que tampoco sabe porqué (risas). Si quiero cambiar el futuro necesito visión, teoría para hacer del futuro algo diferente al pasado y ese es el problema. Si nos quedamos solamente con los datos, nos quedamos en el pasado, nos quedamos discriminando mujeres, discriminando diferentes razas, etc.

Mayer-Schönberger y Cukier presentan el Big Data como una nueva certeza que ocupa el lugar del "Dios muerto", expresión utilizada por F. Nietzsche, profeta del nihilismo del siglo XX. ¿Estamos a la puerta de una nueva religión de los datos o dataísmo como lo ha llamado Harari?

MH: No es una nueva religión. Simplemente es más conocimiento. Los datos nos posibilitan obtener información, justamente a partir del análisis de datos hecho con Inteligencia Artificial, porque nuestro cerebro ya no da para procesar tanta información. De ahí obtenemos patrones que nos permiten conocernos a nosotros mismos mucho mejor. Entonces el Big Data es la última fase de un proceso muy largo que se podría llamar conciencia, es decir, la “conciencia sobre nosotros mismos”. Ahora tenemos datos a un nivel macro donde se puede observar la sociedad en tiempo real. Las grandes figuras de las ciencias sociales como Adam Smith, Max Weber, Karl Marx se volverían locos de qué fantástico es hacer observaciones hoy en día. ¡Adam Smith se fue tantas veces a visitar y observar fábricas con su papel y su lápiz! Hoy en día se podría sentar en su silla y, a través de la pantalla, observar todo lo que pasa en la fábrica y hacer teoría económica. Max Weber podría observar la sociedad en tiempo real y obtener sus teorías.

Con el Big Data estamos conscientes de nosotros mismos, creamos una conciencia sobre lo que pasa en la sociedad y por eso también las ciencias sociales van a ser cada vez más importantes. El Big Data permite, realmente, hacer una ciencia de los estudios sociales ya que ahora tenemos datos. Antes las ciencias sociales eran las ciencias con menos datos y solíamos hacer algunos experimentos con estudiantes de pregrado y de ahí sacábamos conclusiones. Teníamos un censo cada diez años pero la verdad es que no teníamos muchos datos comparados con los físicos o los biólogos. Los biólogos siempre dijeron sobre los estudios sociales “eso no es ciencia, no tienen datos”. Pero ellos no saben dónde están las ballenas en el mar. Hoy nosotros sí sabemos dónde están las personas, pero también sabemos qué compran, qué comen, cuándo duermen, cuáles son sus amigos, sus ideas políticas, su vida social etc. Hoy en día somos la ciencia tal vez más completa de datos porque casi cada uno de los 7 billones de sujetos de estudio tienen un sensor encima las 24 hrs. que deja una huella digital y que nos permite entender la sociedad mejor, tener una conciencia, un conocimiento de qué pasa en la sociedad. Por lo tanto, no es una religión sino simplemente un nuevo paso grande en el proceso largo de conocernos a nosotros mismos, un proceso que existe desde cuando existe la conciencia.

Prof. Nicolás Martínez Sáez
Nota publicada en el diario La Capital de Mar del Plata. Buenos Aires, Argentina.
Link: http://www.lacapitalmdp.com/la-tecnologia-no-es-determinista-hay-que-construirla-socialmente/

miércoles, enero 04, 2017

Entrevista a Antonio Escohotado: “Salvo los ricos, nadie temió al comunismo antes de que se pusiera en práctica”

Antonio Escohotado (Madrid, 1941), filósofo español y quizás uno de los pensadores actuales más profundos de habla hispana. Traductor de Hobbes, Jefferson y Newton, comenzó su carrera escribiendo sobre los presocráticos, mitología occidental, crímenes sin víctima y hasta un tratado de Metafísica, a la cual define como “poesía en prosa”. Polémico por su famosa obra “Historia general de las drogas”, de 1.600 páginas, que le valió una denuncia por apología a la droga precisamente durante su visita a la Argentina hace veinte años, emprendió la titánica tarea de documentar y contextualizar las manifestaciones comunistas desde el siglo I a.C., cuando aparecen las primeras noticias escritas. El primer tomo de “Los enemigos del comercio” salió en el año 2008, el segundo en 2013 y el tercero se acaba de editar en el mes de Noviembre. Escohotado afirma que ha escrito esta trilogía para autoaclararse de un pasado en que, según sus palabras, ha sido más rojo que la muleta de un torero.     Con amabilidad y generosidad accede a contestar unas preguntas por correo electrónico.

Alguna vez usted habló sobre “el miedo a uno mismo” y “el miedo al prójimo”, ¿pueden estos títulos resumir sus obras “Historia General de las drogas” y “Los enemigos del comercio” respectivamente? ¿Es el miedo el sentimiento que permite explicar tanto el rechazo hacia el consumo de drogas como hacia al comercio?

AE: Sí, mientras eso no implique simplificar la cuestión, una de las más complejas entre las imaginables. Por lo que respecta al primero de los miedos, toda suerte de droga psicoactiva nos expone ora a la introspección ora a exteriorizar el temperamento -por no decir que siempre a ambas cosas- y abundan quienes temen conocer su intimidad, así como los avergonzados por aquello que hicieron al calor de la ebriedad. De ahí que la “sobria ebrietas” grecorromana sea el compromiso moral y el arte de aprovechar la efusión psíquica, adentrándonos con denuedo en los pliegues del inconsciente, y al tiempo evitando los trances de idiocia o agresividad que fundan la resaca de gentes con mal vino, por ejemplo, o de los que toman cocaína y éxtasis para hablar interminablemente de sí mismos. Proyectada como defensa de los demás, la guerra a La Droga (un universal infundado, dada su variedad intrínseca) es una empresa tan absurda como batallar contra los coches, la dinamita o el ingenio químico, y su destino invariable es triunfar fracasando.    
El miedo a los comunistas resulta más evidente, porque su pretensión de poner primeros a los últimos es la fórmula más sintética de preconizar no ya discordia genérica sino violencias inmediatas.  Prolegómeno de todo, la expropiación del prójimo pasa por ser un acto de restituir, que se retrotrae a una igualdad material tan originaria como solo fabulada, y caso de sacarse adelante –por supuesto con ayuda de censores, verdugos, leyes secretas y retroactivas, etcétera- vuelve a incurrir en la dinámica de triunfar fracasando. La conquista del pan se convierte en crisis de la harina, y todo lo requisado desaparece en el pozo sin fondo del autócrata que sin haber trabajado nunca se nombra mesías del trabajo, dispuesto a traer coactivamente un paraíso terrenal marcado por desnutrición y desabastecimiento. Salvo los ricos, nadie temió al comunismo antes de que se pusiera en práctica, pero desde entonces su principal adversario es el trabajador.    
        
En sus libros, conferencias y artículos, he logrado ver un notable esfuerzo de síntesis entre dos filósofos que, por lo menos desde la Academia, suelen presentarse como contrarios: Kant y Hegel. Las tesis del hombre como fin en sí mismo (Kant) y del hombre como medio (Hegel), ¿pueden ser compatibles?

AE: Ambos consideran al ser humano como fin en sí. Solo me explico suponer otra cosa desde un equívoco en torno al concepto de finitud, que para Kant es mera imperfección humana y en Hegel el medio para trascendernos. El espíritu se realimenta con la constante superación de lo inmediato, pero eso no quiere decir que el individuo sea nunca algo distinto de lo santo e inviolable para cualquier otro individuo.

Su trilogía de los Enemigos del comercio parece ser la mayor reivindicación, desde el mundo intelectual, a los comerciantes. Los intelectuales, en general, los han ignorado y la clase política los ha exprimido con impuestos. ¿No es su trilogía una afrenta contra todos aquellos que han ocultado a estos verdaderos héroes de la Historia Universal, es decir, los que han hecho del comercio una actividad útil para el prójimo?

AE: A diferencia de las relaciones impuestas con mayor o menor fundamento –la religión, la nacionalidad, lo acostumbrado-, el comercio inaugura una esfera volitiva por naturaleza, donde cuanto más progresa la afluencia más se consolida el derecho a la excentricidad, una libertad de hecho que orienta la labor y el gasto de cada uno en la dirección personalmente elegida. Tras milenios de escasez, la explosión de abundancia e inventiva que culmina en internet refleja la creación de capital derivada de que vaya cundiendo el  fabricante/inventor, principal filántropo de nuestros días. Ahora sabemos que el activo más valioso es la innovación, un factor tan indeseable para las sociedades de naturaleza clerical-militar como vital para las comerciales.
Creo que mi trilogía alterna panorámicas generales sobre cada época con una galería de protagonistas, tanto amigos como enemigos del comercio. Sesgada ideológicamente, y lacunaria por pereza a la hora consultar fuentes primarias, la historia que cuentan escuelas y universidades se deja en el tintero lo mismo a Francis Place que a Cobden o Carnegie, porque en vez de promover bilis rabiosa cultivan la compenetración llamada armonismo, pero no mirar ese lado del cuadro solo logra hacer menos amena y concreta la secuencia de hechos.   
    
Luego de la trilogía…¿sobre qué tema seguirá estudiando y escribiendo?

AE: No tengo ni idea, ni dedico un minuto a esa cavilación. Cada hora tiene su afán, y el mío de momento es celebrar que saqué adelante una autoaclaración quizá útil para terceros. Juego al ajedrez online, hago algo más de vida social, leo poco y básicamente floto sobre la existencia, libre de toda prisa por la sensación de haber dado a luz. Morirse estaría bien, cuando lo fundamental se cumplió, pero tampoco es cosa de acelerarlo.       

Prof. Nicolás Martínez Sáez


martes, abril 29, 2014

Entrevista a Antonio Escohotado: "El capitalismo está en crisis terminal desde enero de 1848"

Antonio Escohotado (Madrid, 1941) es un filósofo español y quizás uno de los pensadores actuales más importantes de su país. Traductor de Hobbes, Jefferson y Newton, comenzó su carrera escribiendo sobre los presocráticos, mitología occidental, crímenes sin víctima y hasta un tratado de Metafísica, que define como “poesía en prosa”. Su pasión es la filosofía y sus dos grandes maestros Hegel y Hume. Con la libertad como tema recurrente, ha acabado documentando variantes internas y externas del miedo: la de cada cual a sí mismo (por no saber administrar sus placeres) y la orientada hacia el vecino, cuando resulta ser amigo de lo ajeno. La primera se vincula a sus investigaciones sobre el uso de drogas psicoactivas en distintas culturas, y la segunda a las centradas en el llamamiento a una lucha de clases y el rechazo de la sociedad comercial, que vertebran el proyecto comunista.


Polémico por su famosa obra Historia general de las drogas, de 1.600 páginas, que le valió una denuncia por apología a la droga precisamente durante su visita a la Argentina en 1996, emprendió hace 14 años la empresa gigantesca de documentar y contextualizar las manifestaciones comunistas desde el siglo I a.C., cuando aparecen las primeras noticias escritas. Su primer tomo salió en el año 2008, el segundo en 2013 y ya está trabajando en el tercero. Políticamente incorrecto, despreciado por los conservadores por proponer la derogación del prohibicionismo farmacológico (“el experimento fue la Prohibición, y no procede legalizar un derecho inmemorial, sino derogar el experimento”) y criticado por las izquierdas radicales por sus ideas liberales y su defensa del mercado, es uno de esos filósofos marginales que tienen mucho para decir y su voz vale la pena ser escuchada. Con una amabilidad extraordinaria accede a responder mis preguntas vía correo electrónico.

Una idea que atraviesa su obra Los enemigos del comercio es su crítica a todos aquellos que a lo largo de la historia han afirmado que la propiedad privada es un robo y el comercio su instrumento. ¿Cree que esta opinión es más extendida entre los intelectuales, religiosos, políticos, filósofos, historiadores y académicos que entre el resto de las personas? Si es así, ¿a qué se debe?

El libro no “critica” a los enemigos del comercio, limitándose por ahora a exponer los avatares de una actitud sempiterna desde la secta esenia –que interpreta el mandamiento no hurtarás como no tendrás bienes privados- hasta el abrazo de Chávez y Ahmadinejad. El tercer volumen terminará con unas Conclusiones donde sí pienso introducir algún elemento valorativo. Lo segundo que me pregunta parece ser si el comunismo tuvo y tiene apoyo mayoritario, o es más bien un ideal religioso y filosófico. Mi estudio, que cubre por ahora dos milenios, no encuentra un solo lugar y momento donde sus adeptos superasen un tercio del censo electoral (fue el caso de Checoslovaquia a finales de 1945), acercándose más habitualmente a una proporción que oscila entre el 1,1% -en la Comuna parisina de 1848- y el 8% observado en la República de Weimar. De ahí que su instauración se haya visto precedida siempre por golpes de estado.     
    
Su obra Los enemigos del comercio guarda gran similitud, por su envergadura y pretensión, con la obra La sociedad abierta y sus enemigos (1945) del filósofo K. Popper. ¿Hay enemigos comunes o diferencias significativas entre ambas obras?

Admiro a Popper por libros como los que analizan el historicismo o la lógica de la investigación científica. Pero La sociedad abierta y sus enemigos es un texto que maneja sistemáticamente fuentes secundarias, metiendo en un cajón de sastre a Platón, Aristóteles y Hegel por simple falta de familiaridad con sus obras. Se parece en eso a la contemporánea Historia de la filosofía occidental de Russell, un texto becado por la universidad de Harvard que ella misma rechazó por “desinformado y arbitrario”, reclamando la devolución del dinero percibido en forma de adelanto. Mi investigación –Los enemigos del comercio: Una historia moral de la propiedad- maneja siempre fuentes primarias en primer término, añadiendo según los casos más o menos documentación de segunda mano
   
Usted ha definido al Estado como “el límite institucional al egoísmo subjetivo” y ha señalado que “mercado” significa no verse sujeto a órdenes sobre qué producir ni qué consumir, y que la negación de ello vulnera la autonomía de la voluntad. ¿Cómo compatibilizar la libre autonomía de la voluntad con el límite impuesto por el Estado al egoísmo subjetivo? ¿Está la intervención estatal reñida con la libertad individual?

Hegel definía la libertad como “conciencia de la necesidad”, y Montesquieu como “poder hacer lo que debemos”.  Libertad y responsabilidad son cara y cruz de la misma moneda. Si ser libre fuese –según pretendió en origen Bakunin- “movernos como pájaros sin barreras”, respetar las leyes atentaría contra el albedrío individual. Pero eso es una trivialidad incoherente, pues solo vulnera nuestra autonomía obedecer normas tiránicas, entendiendo por tales las emanadas de algún autócrata pisoteando la diferencia entre derecho, moral e ideología. El derecho no puede protegernos de nosotros mismos sin convertirse en moralina doctrinaria, granjeándose el justo desprecio que han ido suscitando las diversas Cruzadas, y no es exagerado afirmar que quien respeta leyes injustas se convierte en cómplice suyo.    
     
En su obra señala que el comunismo cristiano y comunismo marxista tienen el mismo programa y ha visto la similitud entre el mensaje del Nuevo Testamento (el Sermón de la montaña y la Parábola de los obreros en la viña) y el Manifiesto comunista (1848) de Marx y Engels. Sin embargo, ¿no pueden encontrarse en el Nuevo Testamento expresiones que pueden vincularse más al liberalismo que al marxismo? Pienso, por ejemplo, en temas como la separación de poderes en frases como “dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” o en la invitación a comerciar que se encuentra en la Parábola de los talentos.

Por supuesto, Jesús es una figura más liberal que totalitaria, y a mi juicio dos de sus afirmaciones –que no haya más sacrificados con la excusa de “expiación”, y que nuestro tribunal supremo es el fuero interno, la conciencia- dividen la historia de Occidente en un antes y un después. Por ejemplo, soy agnóstico sin perjuicio de considerarme cristiano, pues la primacía del fuero interno me parece el paso definitivo para consolidar la revolución moral iniciada por Sócrates. Sin embargo, como arquetipo mesiánico –un chivo expiatorio transformado en vengador de cierto grupo, cuyo triunfo convertirá a los primeros en últimos, santificando a los pobres de espíritu en detrimento de todos cuantos no sean sumisos parvulus- representa el rencor, la barbarie y en general la sumisión de los medios al fin.  

Pasemos a Latinoamérica, ¿cómo ve los gobiernos populistas latinoamericanos como los de Chávez y Maduro, Morales, Correa o los Kirchner que hasta hace poco muchos de sus propagandistas afirmaban que Europa estaba en crisis por seguir un “modelo de ajuste” y no querer aprender del “modelo de crecimiento” latinoamericano? 

Vengo de Lima, donde intervine en una mesa de la Fundación para la Libertad y conocí a María Corina Machado. Comparémosla psicosomáticamente con la señora Kirchner, o al señor Morales con Dilma Rouseff, y tendremos un modelo actualizado de la polémica evocada por el Sermón de la Montaña evangélico. Unos intentan ser realistas, los otros prefieren sustituirlo por algún victimismo que permita prolongar el rencor social, racial y doctrinal.  

Una de las características de gran parte de los gobernantes e intelectuales latinoamericanos es su antiyanquismo, ¿cuánto tiene esto que ver con un odio pasional, la envidia, el desprecio por el mérito y el éxito comercial estadounidense antes que con un examen autocrítico y racional?

El imperio norteamericano es el más progresista de los conocidos, y gracias a los yanquis no estamos bajo el yugo de algún totalitarismo. Derrotaron a Hitler y frenaron a Stalin. Por supuesto, no son Hermanitas de la Caridad, como las monjas de hospitales, pero quien les odie genéricamente no parte de una autocrítica racional.

Cambiando de tema, ¿son las nuevas tecnologías e Internet la posibilidad de llevar a cabo la “democracia directa” y con ello aportar mayor libertad? ¿Cómo evalúa esta posibilidad teniendo en cuenta las vigilancias masivas denunciadas por Assange y Snowden? ¿Son ellos los nuevos héroes de la libertad como ha manifestado recientemente el filósofo esloveno Slavoj Žižek?

La primera pregunta acabo de contestarla con Internet y nuestro vacío, un artículo que encuentra de inmediato en Google. Snowden no nos ha revelado nada merecedor de violar su promesa de confidencialidad, y que la CIA u organismos afines peinen la Red tratando de controlar el terrorismo no me preocupa lo más mínimo (salvo por la ineficacia del  plan hasta ahora). Cuando meter las narices en asuntos de otros induzca o prevenga crímenes concretos volveremos sobre el asunto. Dedico algunas líneas del tomo III al autonombrado filósofo esloveno Zizek, porque su panfleto sobre Lenin empieza ignorando los datos más elementales sobre dicho personaje, y no me extraña que convierta en héroe a cualquier desaprensivo.

Luego de la crisis financiera del 2008 muchos han manifestado que el capitalismo está en crisis: ¿estamos en una crisis terminal? ¿Hay alternativa a la sociedad de mercado?

El capitalismo –y habría que añadir privado, pues el estatal existe desde los primeros Imperios, y florece todavía en La Habana y Pyongyang- está en crisis terminal desde enero de 1848, cuando aparece el Manifiesto de Engels y Marx, por no decir desde el Manifiesto de los Iguales de 1794, donde Babeuf y sus secuaces declaran: “Vuelven los días de la Restitución general. Perezcan todas las artes en aras de la igualdad. ¿Qué pueden unos pocos miles contra la masa, que encuentra su felicidad al alcance de la mano?”


Tampoco me cabe duda de que el capitalismo constituye un fenómeno evolutivo, y el futuro deparará sorpresas quizá centradas en instituciones como un salario social, porque el último gran cambio es andar rezagados ante el avance técnico, y todo nuestro mundo gira en torno a unos pocos fabricantes/inventores. El resto, hasta siete u ocho mil millones de personas, estará tanto mejor cuanto más a cubierto se encuentre de redentores mesiánicos. Los integristas seguirán incordiando, porque ese es el alma que les tocó en suerte, aunque los demás podríamos concentrarnos en los dos desafíos primarios: saber transmitir a nuestra descendencia el sentido de la abnegación, y reducir la disipación de energías finalmente almacenadas por eones de luz solar. Si no fuésemos capaces de lograr lo primero –y está cada vez más difícil-, el ritmo de despilfarro energético pondrá en peligro demasiadas cosas a la vez. 

Por Nicolás Martínez Sáez

Nota publicada en el diario La Capital de Mar del Plata, el día 27 de Abril del 2014

domingo, diciembre 01, 2013

Entrevista a Darío Sztajnszrajber: "Volver a convertir a la filosofía en una herramienta de transformación de la realidad"

Tus programas en televisión, lo que haces en el teatro con Filosofía + Música y ahora la publicación del libro “¿Para qué sirve la filosofía?” parecen ser rupturas con un cierto academicismo cerrado en sí mismo que se aleja cada vez más de la vida cotidiana y de las preocupaciones de la gente. ¿Cómo ves esto?

Creo que en problema en general con la academia filosófica no está tanto en la entidad de la academia en sí mismo sino en su pretensión hegemónica. No creo que pueda existir una filosofía sin una academia pero lo que me parece importante es que deban existir otras formas de hacer filosofía que no sea solo la académica. Y creo que lo que viene sucediendo en las instituciones filosóficas es que tienen como una pretensión de dominancia apropiándose de la supuesta definición esencial de lo que es la filosofía. A mí, al revés, si bien crecí y me formé en la academia filosófica, me formé en la Universidad de Buenos Aires, hoy mismo sigo dando clases e interactuando con la academia que me parece un mundo fascinante del que aprendí mucho y en el que trabajo mucho, me parece que el problema con la academia es que se cree la única manera legítima de hacer filosofía cuando hoy en día hay otras formas que abren otros tipos de perspectivas. Por eso entiendo que negar la academia es incurrir en el mismo tipo de acción violenta con la que la academia se refiere a los que hacemos otros tipos de filosofía. ¿Cuáles son esos otros tipos de filosofía? Podríamos agruparlos en dos grandes subconjuntos: (1) la docencia, que yo la separaría de la vida académica y esto no significa que no haya docencia académica, que también es un problema cuando el que te da clases de filosofía cree que está, mientras da las clases, leyendo un paper. Entonces, la clase de filosofía termina siendo la lectura vacua y formal de una investigación cuando sabemos que lo más interesante de la docencia filosófica es la transferencia que se genera con el alumno y la sensación de que está circulando una idea que nos está abriendo a todos. Y me parece que la docencia siempre fue vista por la investigación académica como una ciudadana de segunda de la filosofía y lo interesante es cómo emancipar a la docencia de la investigación y sobre todo en un país como el nuestro en donde la docencia de filosofía en un 98% está destinada a gente que no es de filosofía. Y por eso hace falta otro tipo de trabajo en el aula para el que la academia no forma. (2) Y luego tenemos una novedosa faceta, más propia de nuestros tiempos, que es la divulgación, un hecho inédito y novedoso y que si históricamente la docencia fue ciudadana de segunda, la divulgación no fue ciudadana. La divulgación siempre fue considerada por fuera de lo legal o bien como algo liviano, una pérdida de rigor que la deja por fuera del discurso filosófico o bien como un discurso que busca efectos tales como vender o aprovecharse de la filosofía para otros tipos propósitos. Me parece que los que hacemos divulgación encontramos en ella que se puede ser riguroso y, además, recuperar el propósito originario de la filosofía que es sacarla de estos encorsetamientos en los que ha caído y volverla a convertir en una herramienta de transformación de la realidad. Obviamente nadie pretende hacer de la divulgación un reemplazo de la academia, lo único que se pretende, al revés, es que la filosofía se desborde a sí misma y explote en sus diversas manifestaciones.

En el libro “¿Para qué sirve la filosofía?” decís que la filosofía puede ser entendida como un género literario, ¿esto de alguna manera hace de la filosofía un saber inútil?

Bueno, es una relación interesante. En realidad, que la filosofía sea un género literario lo que hace es sacarla de un pedestal con el que tradicionalmente se entendió la filosofía en esa vieja idea de uno de los tantos Platón, que en la República, decía que el filósofo ama contemplar la verdad. Ese amor por la verdad pondría al que hace filosofía en un lugar de acceso privilegiado a las estructuras de lo real haciendo de la filosofía casi una fundamentación de todo saber. Decir que la filosofía es un género literario es desacralizarla y mostrar que ese pedestal tiene más que ver con el poder que con la verdad. Y entonces sí se relaciona con la idea de un saber inútil en la medida en que se cuestiona por qué todo tiene que ser útil. Hablar de la filosofía como un saber inútil no es decir que la filosofía no sirve para nada sino plantear por qué todo tiene que servir para algo. Y desde ese lugar, me parece, que la filosofía como género literario propone una perspectiva más de relación del ser humano con la creación de sentido y que en la medida en que es creación de sentido permite múltiples aproximaciones. Yo entiendo la pregunta filosófica realmente como una forma de escritura, una forma de relacionar ideas que no es muy distinto de lo que es la poesía en algún punto. La poesía parte del mismo tipo de material que parte la filosofía, las palabras, pero hay un tipo de composición de las palabras que hace que se genere un lenguaje distinto al lenguaje cotidiano. El lenguaje de la filosofía me parece igual: la operación, la matriz, es la misma que la de la poesía, se combinan una serie de palabras y se genera un tipo de lenguaje distinto al lenguaje de la cotidianeidad. Por eso cuesta tanto entrar a la filosofía porque en principio parece que estamos haciendo algo inútil y absurdo pero las preguntas de la filosofía ponen en absurdo todas las utilidades propias de la cotidianeidad y, entonces, desde ese lugar, la inutilizan.

A lo largo del libro, vos planteas que la filosofía debe deconstruir aquellas certezas que se presentan como tales y todas aquellas respuestas que pretender ser últimas por lo menos en las cuestiones existenciales. ¿Esto nos lleva necesariamente a un escepticismo o todavía podemos seguir pensando a la filosofía como búsqueda de verdad aunque no de verdades absolutas y definitivas sino más bien provisionales tal como mencionás en algunas partes del libro?

Nunca diría “debe” como empezás la pregunta. Volviendo a la pregunta anterior la filosofía es un género literario y como tal es una de las tantas formas en las que nos relacionamos con las cosas. Si alguien no hace filosofía, al igual que si alguien no hace poesía… me parece que nadie se muere si no hace filosofía. Te provee una alternativa, que tenemos potencialmente pero que algunos deciden desarrollar y otros no. A mí me interesa mucho esa faceta y me parece que realmente  propone algo interesante en la construcción de sentido, pero no más que eso.

¿No hablarías de verdades provisionales?

Sí, hablaría, pero no hablaría de esa cosa más tradicional que entiende que el que hace filosofía ocupa un lugar de mayor supremacía o porque es más profundo, o porque es más serio o porque alcanza un grado de reflexión diferente. Me parece que siempre le ha hecho muy mal a la filosofía pensarse a sí misma con algún tipo de superioridad con respecto al resto de los saberes. En relación a tu pregunta, creo que el escepticismo es una forma de emancipación del ser humano. Me siento muy cómodo con una filosofía escéptica en la medida que se entiende al escepticismo como la puesta en cuestión o la sospecha de toda verdad revelada en sus múltiples formatos. Porque esa revelación religiosa a lo largo de los últimos siglos va cobrando otro tipo de revelaciones. La sociedad de consumo tiene mucho de religioso por ahí circulando. Me parece interesante recuperar, justamente, el sentido socrático de la filosofía: demoler, deconstruir, desmontar a todos aquellos que se presentan como dueños de un acceso privilegiado a la verdad. Frente a eso, ese escepticismo es emancipador porque te saca de encima y te permite desmarcarte de todo dogmatismo que termina imponiéndose y construyendo un orden a su imagen y semejanza. La pregunta que siempre aparece es ¿qué propone la filosofía? porque el escepticismo se queda en un mero cuestionamiento y parecería no generar una propuesta. A mí me parece que esto que vos llamás verdades provisorias, en el libro lo llamamos estados de extrañamientos, que tiene que ver con entender que uno no puede no estar atravesado por una serie de verdades, el tema es que no son verdades en sentido concreto porque esas verdades sabemos que en cada momento se están reinventando porque estamos abiertos a lo que el otro nos puede traer desde su diferencia. Digamos, si todavía se pudiese llamar verdad a este tipo de construcción podríamos decir que es una verdad débil, diría Vattimo, o una verdad provisoria. A mí me gusta pensarme viviendo en un mundo en el que parto de cierta certeza siempre abierta a poder cambiarla. De esta manera, te colocás frente a la realidad en un lugar, primero más abierto, y segundo más incierto. Y me parece que desde ese lugar se propone una democratización del saber y sobre todo de la persona que no se siente esclavizada a ningún tipo de dogma previo.

En tu libro entiendo que esbozas una crítica a la teoría de verdad de Heidegger en tanto desolcultamiento e ida hacia lo profundo, una idea jerárquica de la verdad, y en cambio la contraponés con una idea democrática de la verdad, vinculada con el deconstruccionismo derridiano, que sostiene que una palabra es explicada por otra sin llegar nunca al fondo de lo real. ¿Te parece válida esta lectura?

Todas las lecturas son válidas y más si vos lo leíste así. Tiene su pertinencia en la medida que genera esa asociación que todo texto genera.

Mejor te cambio la pregunta, ¿estabas pensando más o menos en esa dirección?

No, no desde ese lado pero, digamos, las lecturas que se hacen de Heidegger son tan diversas que hacen de Heidegger un genio. Me parece que la genialidad de un autor está en sus múltiples lecturas más que en lo que él quiso decir. Pasa lo mismo con Nietzsche, con Marx, con Platón….yo creo que hay una idea de lo desfondado en Heidegger que está como dando lugar a lo que después es toda la teoría de Derrida. O sea, yo no tengo una lectura de Heidegger como la de un pensador que provee de un sentido de profundidad de lo real en su filosofía. Creo, al revés, que la filosofía de Heidegger termina en algún punto mostrando, justamente, que si hay un fundamento último es que no hay fundamento, si hay una verdad última es que no hay una verdad última, si hay un fondo es lo desfondado, el abismo, que es lo que de algún modo intentamos todo el tiempo conjurar o tapar creando sentido. Pero yo debo tener una lectura muy deconstructiva y derridiana de Heidegger porque accedí a Heidegger desde Vattimo, no al revés. No hice el camino normal que hay que hacer que es leer primero a Nietzsche, después a Heidegger y después llegar a la hermenéutica contemporánea. A mí me pasó, al revés, antes de leer a Heidegger leí un montón de textos de Vattimo sobre Heidegger y entonces cuando llegué a Heidegger ya estaba absolutamente condicionado por esas lecturas. Creo que Heidegger es un pensador clave del siglo XX, que todo lo que podemos llamar el pensamiento posestructuralista o contemporáneo es deudor de Heidegger y que hay un antes y un después de dejar bien sustanciada esta idea de lo desfondado, de la ausencia de fundamentos, descentramiento de lo real que ha generado unos de los últimos giros más fuertes en el pensamiento humano.

En el libro hablás de la peligrosidad de darle a las preguntas existenciales sentidos cerrados pero también renegás de cualquier posibilidad del “más allá” por ser una definición elaborada desde el “más acá”. Recordaba que en el libro de Martin Buber,  “¿Qué es el hombre?”, éste diferencia el sistema cerrado de Heidegger del sistema abierto de Kierkegaard por justamente este último abrirse al “más allá”, a lo absoluto, a lo absolutamente otro. ¿Qué pensás de esto?

Me parece que, de nuevo, hay un tema de interpretación no sólo de Heidegger sino de todas estas ideas. No sé si la palabra es “renegar” porque “renegar” sigue siendo estar condicionado desde el “más acá” para hablar del “más allá”. O sea, afirmar que reniego del “más allá”, digamos, para la lectura que hago en el libro sería una formulación también hecha desde el “más acá”. Yo creo que mi búsqueda no es muy distinta a lo que Buber coloca en Kierkegaard. Tal vez estoy más influenciado por Derrida en ese sentido y entonces realmente entiendo que todo lo que se diga sobre el “más allá” no es el “más allá” y por eso mismo jamás podría negar el “más allá”. Lo niego en tanto construcción hecha desde el “más acá”. O sea, entiendo que desde el “más acá” no se puede ni afirmar ni negar nada sobre el “más allá” pero al mismo tiempo entiendo que el concepto del “más allá” es un concepto creado desde el “más acá”. Eso hace que no me identifique con el ateísmo tradicional, al que considero un discurso basado en una metafísica de la verdad y mucho menos con los dogmas religiosos tradicionales. Entiendo que el móvil de la pregunta filosófica nunca es buscar una respuesta. Ese móvil de la pregunta como búsqueda de respuesta tiene más que ver con la ciencia, la técnica y la cotidianeidad. Si se me rompe el caño de agua del baño y me pregunto “¿qué está pasando?” o mi hija no vuelve una noche y digo “¿qué pasa con mi hija?”, ese tipo de preguntas tiene claramente una motivación que es ser respondida. Creo que la pregunta existencial no busca responder nada, al revés, invierte el esquema: de todas aquellas certezas que están tan instaladas en nuestra sociedad, la filosofía todavía puede preguntar y, al preguntar, abre un sentido que esa respuesta cerrada de algún modo encubría o dejaba de lado. Por eso, para mí, la filosofía es la reivindicación de la pregunta en tanto pregunta, no de la pregunta como principio de una respuesta. Es más, cada vez que una pregunta filosófica se responde yo entiendo que se pierde algo porque se intenta dar una respuesta a algo que no lo tiene y entonces se termina condicionando una lectura de las cosas. Por ejemplo “¿hay algo más?” es una pregunta abierta que en la medida en que digas “Sí, el dios de la tradición judeocristiana” entonces se está sesgando esa respuesta de un modo que después se objetiva, se institucionaliza y se termina imponiendo una interpretación de las cosas sobre el resto. Por eso me parece importante recuperar, todo el tiempo, el poder de la pregunta como una forma de apertura de esas verdades establecidas.

Si hay una idea-fuerza en tu libro es la crítica al pensamiento binario o dicotómico, ese que alterna siempre entre dos únicas opciones: lo verdadero y lo falso, lo bueno y lo malo, lo lindo y lo feo. ¿No te parece que la política y, en nuestro país el kirchnerismo, hace un uso abusivo del pensamiento binario que, siguiendo a la dupla Laclau-Schmitt, mira a la política como un combate entre amigos y enemigos. ¿Cómo lo ves?

No, no lo veo así. Primero no creo que haya una entidad cerrada llamada el kirchnerismo. Creo que al interior de los diferentes discursos que pueden apoyar el actual modelo de gobierno hay mucha diversidad. Hablar de un kirchnerismo como una entelequia cerrada sería pensar un discurso hegemónico que creo que no lo hay. De hecho, acaban de haber cambios de gabinete y se van visualizando como que hay diferentes formas de pensar la realidad socio-política. En todo caso, conviven con sus diferencias y van generando modulaciones diferentes. Creo que, al revés, entiendo yo el binarismo. El pensamiento dicotómico siempre ha sido una construcción estigmatizante de los poderes hegemónicos y siempre el excluido y el que ha quedado del lado del enemigo por parte de la dicotomía ha sido el campo popular. Creo que los gobiernos kirchneristas, con sus aciertos y errores, no han hecho otra cosa que volver a poner en escena el campo popular y eso ha puesto en evidencia ese uso estigmatizante propio de las dicotomías de un poder que no solamente es un poder económico y mediático sino que es un poder simbólico con el cual se intenta construir el sentido de la sociedad en la que vivimos. Creo que, al revés, si uno va viendo algunos de los hechos de los últimos diez años sustanciados, por ejemplo, en una cantidad de leyes como la ley de matrimonio igualitario, la ley de medios, la ley de identidad de género, la ley de fertilidad asistida,  son todas leyes que tratan de romper la dicotomía y que logran poner en escena justamente a aquellos excluidos que la dicotomía siempre ha puesto del lado de afuera del muro. Que hoy ya no haya ciudadanos de segunda por motivación sexual, o sea, que un homosexual tenga el mismo derecho que cualquier heterosexual habla justamente de una ruptura de la dicotomía donde antes se pensaba que había gente “normal” y gente “anormal” y que, por eso, no tenían los mismos derechos. Yo entiendo de esa manera la diversidad, como la posibilidad de que todos los discursos minoritarios y tradicionalmente puestos afuera en nuestra sociedad tengan el mismo derecho y la oportunidad de plasmarse. Y creo que en ese sentido hay muchos logros del kirchnerismo en esa línea, logros que no he visto en otro gobierno y logros que no veo tampoco en las formas simbólicas en que desde algunos medios, o desde la academia a veces o desde las instituciones más hegemónicas generan. Después, que sean tiempos como de fuerte exaltación de las diferencias es algo que celebro, al revés, porque me parece  que es la posibilidad inédita de sectores eternamente oprimidos en nuestro país, de poder ser dueños de la palabra y plantear sus diferencias en tanto diferencias, de hacerlo en modo equitativamente igualitario con el resto de otros sectores que en nuestra sociedad siempre se han creído con un derecho superior.

¿Igual no te parece que en las experiencias cotidianas cuando uno entra a un grupo, sea de lo que sea, lo primero que parece que importa es si sos K o anti-K? ¿No hay un binarismo ahí cuando lo más estimatizante termina siendo si sos K o anti-K?


Yo creo que ese binarismo siempre estuvo. Acá en este país siempre hubo un sector postergado: “los negros”, los excluidos de siempre. Hoy lo que se ha puesto en evidencia es ese binarismo y se ha logrado, al revés, emancipar a aquellos derrotados de siempre que parecían carecer del derecho de postularse como una alternativa, tan válida como el resto, a nuestra sociedad. No creo que el kirchnerismo haya creado el binarismo, creo que el binarismo siempre existió y venía siendo ocultado. Lo que han hecho nuestros últimos gobiernos, en estos diez años, y por eso los apoyo, es haber puesto en evidencia, visibilizado un binarismo que como todo binarismo opera invisibilizando. E invisibiliza porque siempre el enemigo, el otro, el que queda fuera no tiene entidad. Y me parece que este gobierno los ha puesto en la superficie. Por eso leo yo, al revés que vos, no que éste gobierno es binarista sino que este gobierno es el primero que puede poner en evidencia este binarismo y empezar a romper algo de lo durante tantos años ha estado departamentalizado, como sistematizado.  

Prof. Nicolás Martínez Sáez

Nota publicada en el diario La Capital de Mar del Plata, el día 01 de Diciembre del 2013