martes, noviembre 05, 2019

Entrevista a Ezequiel Wittner, experto en juegos de mesa

Ezequiel Wittner es fundador de la Geek Out!, una comunidad que difunde los juegos de mesa modernos, de rol, videojuegos, películas pochocleras, literatura fantástica, de ciencia ficción y comics. En el año 2015, junto con su esposa Laura, crearon la editorial de juegos de mesa de autor El Dragón Azul. Ambos son referentes ineludibles en el creciente mundo de los juegos de mesa argentinos que han seguido una tendencia creciente a partir de la publicación en 1995 de Los colonos de Catán, un juego alemán diseñado por Klaus Teuber. A diferencia de los juegos tradicionales y de azar, los juegos de mesa modernos presentan diferentes mecánicas de cooperación, negociación y administración de recursos alrededor de los cuales se va conformando una comunidad sin límite de edad y cada vez más ávida de propuestas lúdicas. Entre el 8 y 10 de Noviembre de este año se llevará a cabo el 8vo Encuentro Nacional de Juegos de Mesa (ENJM8) en Villa María, Córdoba, en donde se reúnen cientos de aficionados, curiosos, numerosas editoriales y diseñadores independientes para disfrutar y conocer los últimos diseños de Argentina y del mundo.

¿Cómo es tu llegada al mundo de los juegos de mesa?
Empecé jugando los clásicos cuando era chico y conocí los juegos de mesa modernos de la mano de quien ahora es mi esposa, que tenía unos 30.  El primero que jugué fue el de Game of Thrones y fue amor a primera vista.

¿Qué caracteriza a los juegos de mesa modernos y cuáles son las formas de acceso a ellos?
Creo que la característica más importante es que mantienen a todos los jugadores interesados en la partida hasta el final de la misma.
La mayoría de los juegos de cuando éramos chiquitos, tenían finales que se estiraban como chicle y muchas veces no los terminábamos sino que declarábamos un ganador o un empate y listo. Esto hoy en día no pasa, ni siquiera en los juegos largos: ya no se sabe quién va a ganar una hora antes de que termine la partida.
Asimismo, se caracterizan por tener el nombre del autor bien visible en la tapa.
La manera más fácil de acceder a ellos es a través de los clubs de juegos de mesa que se han organizado en las diferentes provincias.

Cada año Geek Out, auspiciado por la editorial El Dragón Azul,  organiza el concurso “Innovando el Juego” donde se eligen prototipos argentinos cuyo premio es la publicación. ¿Cuáles son los aspectos positivos y negativos de los prototipos?
Lo más positivo de los prototipos es que fomentan la aparición de nuevos diseñadores y que se prueben ideas originales. Los prototipos mantienen vivo al mundo de los juegos de mesa.
No hay per se algo negativo sobre un prototipo, aún si al testearlo se llega a la conclusión de que hay que retroceder a una etapa anterior del diseño o incluso desecharlo y volver a empezar, algo aprendimos en el proceso y el próximo será mejor.

¿Qué características tiene que tener, según tu criterio, un buen juego de mesa?
Un juego de mesa es básicamente un reglamento. Un excelente juego de mesa que nadie puede jugar porque no entiende lo que dice el manual, sólo sirve para emparejar la pata de un mueble.
En cuanto a las características del juego en sí, podría decir que para gustos colores.  El juego que le gusta a uno no le gusta al otro y viceversa. Si logramos que alguien se entretenga, es un éxito.

Como editor de juegos de mesa de autor, ¿cuáles son las dificultades con que te encontrás y qué proyectos tiene El Dragón Azul a futuro?
La mayor dificultad es el atraso técnico que hay en Argentina, el cual nos impide editar juegos con la misma calidad que se editan en otros países. Incluso algunos componentes que parecerían ser “simples” como cubitos de madera de colores, son imposibles de producir acá a un costo razonable, imposibilitando la edición local de algunos títulos.
A futuro, estaremos editando Konig que está casi listo, Tierra Feudal, Tu Letra, Salvajes, la Herencia del Rey, Cardumen y Ludus Magnus, todos de autores argentinos.

Prof. Nicolás Martínez Sáez
Nota publicada en el diario La Capital de Mar del Plata, Buenos Aires, Argentina.  https://www.lacapitalmdp.com/el-fantastico-mundo-de-los-juegos-de-mesa/

martes, octubre 22, 2019

Censuras y autocensuras en el mundo de hoy


La expansión de la libertad de expresión facilitada por Internet y ampliada por las redes sociales digitales parece encontrar un punto límite de resistencia. Como toda verdadera revolución, la revolución tecnológica encuentra rápidamente a sus censores. Los gobiernos y los mismos gigantes tecnológicos requieren de un número cada vez mayor de moderadores humanos ante la falla de los filtros automáticos entrenados con machine learning. Por un lado, China, abiertamente, ha construido el sistema de censura más sofisticado y su visión es la de poner todo Internet bajo la supervisión del Partido Comunista. Por otro lado, los gobiernos occidentales, elaboran dispositivos legales para eliminar las fake news que se expanden como la peste y las empresas tecnológicas líderes, convertidas en jefes editores mundiales, imponen sus propias normativas al resto de los editores sobre lo que se puede y no se puede decir. El documental The cleaners (2018) muestra cómo miles de jóvenes de Filipinas trabajan para empresas como Google o Facebook como limpiadores y censores del contenido que se sube a Internet. El caso paradigmático de censura fue el que realizó Facebook en 2016 al principal diario de Noruega, el Aftenposten, de la iconográfica foto de la niña, que con la piel ardiendo y con llanto desconsolador, corría por una carretera luego de que un avión del ejército de Vietnam del Sur bombardeara con napalm la población donde vivía en 1972. Facebook se resistió a admitir la diferencia entre una foto de contenido pornografico infantil y otra de contenido histórico.
La censura masiva limita la capacidad de expresión y juzga como un contenido igualmente peligroso tanto a un discurso político opositor y una pintura de un desnudo como a un atentado terrorista y un abuso infantil. Todos este contenido es censurado para procurar que los clientes de las redes sólo reciban información edulcorada e indolente. Sin embargo, frente a esta censura externa, somos protagonistas de otra censura de carácter interno: la autocensura, un fenómeno cada vez más frecuente en donde las personas eligen no expresarse en la redes para no ofender a los suyos. Si durante los años 80 y 90 Internet se constituía como una comunidad con sentido propio y responsable, donde los pocos mensajes hostiles nunca eran tomando demasiado en serio, a partir de las redes sociales la fraternidad digital parece haber sido socavada. La contracara de la autocensura es el uso acrítico del material compartido en las redes, la falta de chequeo de las fuentes de información y el “dejarse llevar” por la comodidad de la opinión mayoritaria. Contribuyendo a esta cultura endogámica, el denominado filtro burbuja, algoritmos que devuelven información afín al usuario basándose en sus propios datos, parece ser la solución de los gigantes tecnológicos para apartar a los clientes de la información conflictiva, no alineada con sus puntos de vista y aislarlos intelectualmente en su propio sesgo informativo. 
Sin embargo, cuando hablamos de autocensura digital hablamos de personas que en las redes sociales tienen a amigos, familiares, compañeros de trabajo, colegas, desconocidos con los que se comparte un hobby etc. Al estar tan diversificada la red de contactos se deriva en lo que se llama un colapso del contexto y para reducir el riesgo de la discrepancia se adquiere un enfoque del menor denominador común a la hora de publicar, haciendo que la red se vuelve ajena a todo conflicto. El problema de la autocensura no es tan importante en sus efectos digitales, cuyo enfoque del menor denominador común puede ser una alternativa para mantener la salud mental, sino más bien lo que ocurre en nuestras conversaciones analógicas y cotidianas. Cada vez más actuamos como policías de nuestro pensamiento, vigilando nuestras palabras, ajustándose al decir esperable común por el miedo que nos genera la posibilidad de ofender a otros. Nuestras conversaciones van perdiendo espontaneidad para someterse a las tiranías de la corrección política. Así pues, explotamos al máximo el uso de eufemismos con el que intentamos describir algo a través de complicados rodeos lingüísticos.
Algo de este fenómeno, es decir, de que hablar es siempre ofender a alguien ya lo había advertido el filósofo español José Ortega y Gasset en unas de sus visitas a la Argentina. En un ensayo de la década del veinte, titulado El hombre a la defensiva, señalaba que en Buenos Aires todo lo que se dice o se hace hiere a alguien, viola alguna personalidad secreta u ofende a algún fantasma íntimo. Si en aquel momento los españoles sentían aún lejos a este fenómeno, hoy lo viven en carne propia escritores como Arturo Pérez-Reverte que ha manifestado, no sin ironía, que cuando se dice que “fulano es un tonto”, se ofenden todos los tontos. Hablar, escribir, dialogar de manera corriente e incluso entablar nuevas relaciones comienza a ser problemático a consecuencia de quienes se empeñan en ser policías de la palabra. ¿Quizás dueños de las palabras? También.
El mundo, no ya el digital sino el analógico, se torna invivible si nos autocensuramos a decir lo que pensamos. ¿Es sólo el miedo a ofender el motivo por el cual elegimos la propia censura de nuestras opiniones? ¿O quizás el terror que nos produce quedar colocados en medio de una reacción o linchamiento cuando expresamos ideas contrarias a la mayoría o al sentido común aceptado? Expresar, discutir o criticar una idea no debería implicar la descalificación, el maltrato y la falta de respeto del otro. Sin embargo, si creemos en la libertad de expresión, incluso será mejor la ofensa que el silencio censor e hipócrita. Así pues, cualquiera sea el motivo de nuestras autocensuras cotidianas, las consecuencias están a la vista: relaciones humanas cada vez menos espontáneas.
Prof. Nicolás Martínez Sáez
Nota publicada en el diario La Capital de Mar del Plata, Buenos Aires, Argentina. https://www.lacapitalmdp.com/censuras-y-autocensuras-en-el-mundo-de-hoy/

martes, enero 15, 2019

Fernando Broncano: "La inteligencia artificial determinará una reingeniería de las relaciones y consumos."


Fernando Broncano (1954) es doctor en Filosofía por la Universidad de Salamanca y catedrático de Filosofía de la Ciencia en la Universidad Carlos III de Madrid. Especialista en cuestiones vinculadas a la tecnología, la filosofía y la cultura, ha publicado recientemente Cultura es nombre de derrota (2018), un libro que bucea en las relaciones tejidas entre la cultura y el poder, en un recorrido histórico que recobra el origen y significados del término que en la actualidad se utiliza como cliché en todos los contextos y bajo toda circunstancia. 

Muchos especialistas anuncian que la actual revolución tecnológica hará desaparecer trabajos haciendo surgir otros nuevos. ¿Qué diferencia existe en nuestra época respecto a anteriores revoluciones tecnológicas?

Comienzo por la pregunta para tratar después la frase que la encabeza. Respecto a otras revoluciones tecnológica (la microelectrónica de los años 60, la eléctrica de los años veinte, la del uso de combustibles derivados del petróleo de comienzos del siglo XX, la de la industria química del XIX, la tecnología del vapor de comienzos del XIX, etc.) la actual se caracteriza por la explotación de la información y no solamente la energía o las materias primas. La información abarca desde lo microfísico (nanotecnologías), pasando por lo biológico (bioingenierías) al mundo de lo digital y a la vida cotidiana a través de los big data y las analytics. Del mismo modo que los siglos XIX y XX explotaron la energía, las sociedades contemporáneas han descubierto el poder de los datos representados como información por los poderosos medios de tratamiento tecnológico. En los niveles más complejos implica el uso de tratamientos que aprenden por sí mismos y toman decisiones. Son las inteligencias artificiales, que realizan tareas que hasta hace poco solamente parecían ser el dominio de lo humano, e incluso en velocidad y cantidad de datos superan a las capacidades humanas. Estas nuevas tecnologías, como ocurre en las grandes revoluciones, influyen para que otras tecnologías se adapten a su uso, e incluso los hábitos sociales son transformados por su influencia. El resultado final es una progresiva “reingenierización” de todos los pasos de la producción al consumo, incluyendo también todas las ingenierías sociales como la comunicación, la seguridad o la organización social. Esto ya se ha producido múltiples veces (Marx detectaba en el Manifiesto comunista que esta transformación era la regla más que la excepción bajo la hegemonía de la burguesía), pero ahora tiene una peculiaridad, que es el hecho de que puede afectar como fuentes de mercantilización a muchas de las funciones humanas, por ejemplo, y quizás sea lo más importante, la atención. 
Respecto a la desaparición del trabajo, la respuesta es doble. En primer lugar, no está clara cual será la tasa de sustitución de trabajo humano por trabajo de máquinas. Puede ser que la implantación de trabajo de máquinas, por ejemplo, en automóviles autónomos, exija una considerable cantidad de trabajo humano de control, de servicios sociales de coordinación, etc. Las inteligencias artificiales son muy buenas en entornos bien definidos, pero tienen dificultades en entornos abiertos e impredecibles y, por suerte o desgracia, el entorno humano es así: abierto e impredecible. En segundo lugar, si lo anterior estuviese equivocado, algo que desgraciadamente es dudoso, simplemente plantearía un problema nuevo de ingeniería social, el de cómo redistribuir el trabajo en las sociedades para producir lo mismo empleando menos trabajo, de modo que se vaya disolviendo la distancia entre trabajo mecánico y trabajo creativo. Pero esto nos lleva a la necesidad de una conciencia social diferente sobre el lugar del trabajo y la superación de su mera concepción como mercancía para permitir la reproducción humana para concebirlo como un ejercicio de creatividad y transformación del orden en beneficio de la vida y de la sociedad. 

¿Qué implicancias tiene la edición de genes recientemente realizada en China por He Jiankiu?

Las técnicas CRISP entrañan el uso de un mecanismo biológico de corta y pega de ADN empleado ya por las bacterias. Su descubrimiento y uso abre múltiples campos de trabajo e investigación que son muy sensibles por los potenciales riesgos múltiples que afectan a la trama global de la vida y, en el caso del ser humano, al mismo fundamento de la reproducción social. Son técnicas, como tantas otras, que deben de estar sometidas a un riguroso control ético y político. Lo que ha ocurrido con He Jiankiu es que ha sucumbido a la política de competitividad tecnológica que ha instaurado el gobierno chino y que subordina el cambio tecnológico a deseos políticos y económicos más que una reflexión ética. Construir niños a medida, tal como parece insinuar su experimento de edición de los genomas en la fecundación in vitro para introducir un gen que produzca resistencia innata al HIV, abre un escenario más que peligroso si no se controla desde el comienzo. Todos los pronunciamientos éticos y políticos de las comunidades científicas prohíben el diseño de humanos no terapéutico. Es ahora el momento para detener la proliferación de estas investigaciones sin control- 

¿Por qué se extiende el movimiento antivacunas?

El movimiento antivacunas que se extiende epidémicamente por el mundo es uno de los signos más claros de la nueva forma de sociedad del conocimiento en la que estamos entrando. Internet ha modificado sustancialmente las relaciones de autoridad de los expertos en todos los campos, pero especialmente en el de la salud y el bienestar. Cada quien se ha convertido en un experto en sí mismo y la salud de sí y sus familiares. ¿Quién no lee artículos de popularización médica? Las secciones de alimentación, salud y sexualidad de los periódicos están ya manteniendo a las de noticias y política. En los años noventa me preguntaba cómo sería una sociedad sin institución-ciencia. Pensaba que, como la democracia, la ciencia es también un invento reciente (ambas con unas breves anticipaciones en Atenas y Alejandría respectivamente) y posiblemente ambas son tan perecederas como lo fueron en Grecia. Ahora lo estamos viendo, también en los dos casos. Los declives de la democracia y de la ciencia van rápidos y de la mano. Bienvenidos al mundo de las redes. Al menos es más barato. En vez de sistemas públicos de salud tendremos consultas a la red en 5G que nos informarán mejor de lo que nos conviene a nosotros y a nuestros hijos. En el siglo VII de nuestra era la tecnología romana y bizantina alcanzó picos desconocidos en la historia. Bizancio podía defenderse de bárbaros y enemigos mediante poderosas armas y barcos, pero nadie era capaz de leer las matemáticas alejandrinas. Allí se desarrolló la fase siguiente del conocimiento que llamamos "discusiones bizantinas". Nihil novum sub sole.

¿Es la expansión de las pseudociencias, en materia de salud, una reacción inversamente proporcional a la deshumanización de la medicina occidental?

Posiblemente. Hay múltiples factores que llevan hacia el crecimiento de las pseudo-ciencias: uno es la sospecha extendida, y por desgracia bastante confirmada, de que múltiples veces la industria de la salud subordina al beneficio propio los intereses generales. Otro es la facilidad de acceso a textos y opiniones en la red que están fuera del sistema controlado por pares de la investigación científica. La cuestión es que muchos de estos textos transmiten ideas que no siempre están basadas en la experiencia científica, en la discusión abierta y en los controles rigurosos de prueba, que son caros, lentos y llevan tiempo. El resultado es que la gente se acoge a las esperanzas que suscitan ciertas promesas de salud o felicidad sin que sus promotores hayan pagado el costo del control de calidad científica de sus propuestas. El deseo y la esperanza, tan humanos, sin embargo, pueden llevar a la ceguera y al pensamiento mágico. En otros tiempos, la religión cubría estas zonas oscuras de la racionalidad humana, ahora lo hacen las pseudociencias. 

Prof. Nicolás Martínez Sáez
Nota publicada en el diario La Capital de Mar del Plata. Buenos Aires, Argentina

lunes, noviembre 12, 2018

Entrevista a Emiliano Aldegani: Sobre la cultura lúdica y el nuevo auge de los juegos de mesa


Emiliano Aldegani es Doctor en Filosofía y estudioso de la cultura lúdica. Hace años investiga las relaciones entre los juegos de mesa, los videojuegos y otras prácticas sociales. Es también referente de Mar del Plata de los diversos clubs de juegos de mesa que existen alrededor de toda la República Argentina. Junto a su pareja Carolina Duran y otros colegas, organiza en nuestra ciudad cada viernes primero por mes un encuentro lúdico con juegos de mesa originales tanto argentinos como extranjeros en el Club Español con entrada libre y gratuita.

¿Cuáles son las causas de este auge de los juegos de mesa? Hay clubs de juegos, encuentros locales, encuentros nacionales etc.

Es probable que no pueda razonablemente explicarse este nuevo auge de los juegos de mesa a partir de una causa o un conjunto exhaustivo de causas, pues hace referencia a contextos muy diversos y a motivaciones y potencialidades que se perciben en ámbitos muy heterogéneos. Sin embargo, se observa en las últimas décadas la aparición de algunos elementos que pueden identificarse, sino como la causa, al menos como elementos que han mostrado una gran injerencia sobre la forma en la que esta reaparición se produce y las tendencias que muestra.
Por empezar, puede señalarse en las últimas dos décadas la aparición de un interés  creciente por lo lúdico en un sentido más amplio, que va desde la incorporación de procesos de gamification (ludificación) en procesos productivos, en ámbitos laborales, en experiencias para mejorar las dinámicas grupales, en el ámbito educativo, o la calidad de vida. Esta apropiación del juego como una herramienta que permite optimizar determinados procesos, generar experiencias significativas, servir como estrategia de marketing, entre otras utilidades, se ha nutrido de diferentes formas de dinámica de juego que van desde el deporte a los videojuegos, pero que sin duda han encontrado en el juego de mesa un soporte y un lenguaje apropiado para desarrollarse.
A su vez, el aumento de complejidad narrativa, visual y mecánica que han mostrado los videojuegos desde mediados de la década del noventa ha llamado la atención de muchos sectores, lo que condujo a que los llamados GameStudios y la ludología empezara a ocupar un lugar en los estudios sobre comunicación. Las comunidades de jugadores y los espacios de encuentro se han vuelto en simultáneo cada vez más amplios.
En el ámbito específico de los juegos de mesa, no puede dejar de percibirse la aparición de determinados títulos a mediados de la década del noventa que han cambiado considerablemente el planteo general de las reglas, la duración, el diseño visual y la experiencia de juego, frente a los juegos anteriores. En este sentido, no puede menos que mencionarse al juego de Klaus Teuber conocido en español como Los colonos de Catan como una de las propuestas que logro ampliar notablemente el espacio del juego de mesa, e incorporar a una gran cantidad de personas al ámbito. Ajustado a una duración más acorde a los tiempo de la vida actual, reduciendo el número de jugadores, eliminando casi por completo el llamado “tiempo muerto” o “tiempo entre turnos” de los juegos clásicos, el juego de Treuber sería una gran fuente de inspiración a múltiples diseñadores, transformándose a su vez en el primer juego de estilo alemán que se comercializara más allá del mercado europeo.
La aparición de nuevos paradigmas de diseño lúdico sin duda ha promovido y posibilitado el auge actual de los juego de mesa, que sería casi impensable a partir de los juegos clásicos, pero que también los ha reimpulsado. Este auge ha sido promovido en Argentina con la aparición de editoriales que apuestan por la publicación de juegos con mecánicas y temáticas novedosas, así como por la apuesta de algunas editoriales ya establecidas a este nuevo tipo de juegos.
Sin duda muchos factores externos han intervenido también. En España, por ejemplo, se ha señalado muchas veces como la recesión económica ha favorecido en cierta forma a la industria del juego de mesa, pues ésta aparece como una opción económica dentro de la industria del ocio, y por otro lado, genera espacio de interacción familiar o entre amigos que van en contra de la tendencia a la interacción constante con elementos digitales. El juego de mesa como un momento de reunión familiar logra sin duda favorecer una forma de vincularse que el videojuego sólo ha logrado parcialmente. También puede mencionarse la aparición de canales como Youtube, Vimeo o Twitch que han permitido una difusión y promoción de nuevos juegos que va desde su publicidad hasta análisis comparativos muy interesantes. Estos canales han otorgado a los juegos de mesa gradualmente un espacio mayor de relevancia que ha terminado por impactar en los medios tradicionales dando un lugar al juego de mesa como un fenómeno emergente.

¿Por qué investigás la cultura lúdica?

En mi caso particular, he llegado al análisis de las características del entorno de juego y los elementos que producen sentido en las prácticas lúdicas luego de un extenso recorrido que  sólo se conecta con la temática de un modo visible en el último tramo de mi investigación. Mi trabajo ha estado siempre atravesado por una búsqueda de entender la forma en que las instituciones sociales, las prácticas mediante las que nos vinculamos y el modo en que construimos los espacios colectivos entran en diálogo con nuestras propias tradiciones, con los condicionamientos naturales y con el imaginario social en el que estamos inmersos.
Es en medio de esta búsqueda que el espacio de juego aparece como la posibilidad de abordar lo real, y la complejidad, apuntando en dirección a una forma particular de discurso y de construcción de sentido. El microcosmos normativo y narrativo que el juego comporta y el diálogo que establece con todo aquello que constituye su exterioridad, permiten recuperar diferentes lineamientos discursivos e ideológicos que suelen pasar inadvertidos si se establece un contacto acrítico con la actividad, y que pueden ser explicitados si se pone el enfoque en la estructura formal de las experiencias lúdicas que aparecen en cada propuesta. 
En cierta forma, explorar el juego como práctica social significativa, no es otra cosa que analizar un elemento que nos acompaña a lo largo de nuestra vida y que atraviesa e interviene constantemente todas las esferas de la vida social, para volver sobre el modo en que nos formamos dentro de ese ámbito y cuáles son las herramientas conceptuales que nos permiten pensar y repensar el modo en que nos vinculamos cuando no hay fines o motivaciones exteriores para nuestro hacer común. Un caso parecido puede encontrarse sin duda en las prácticas vinculadas al arte.

¿Cuáles son tus juegos favoritos y por qué lo son?

Si tuviera que describir que es lo que hace bueno a un juego en la actualidad, creo que me inclinaría por pensar que un juego es bueno cuando logra ocultar su estrategia dominante. Es decir, cuando cada acción dentro del juego implica la toma de una decisión, no evidente, y se dispone de opciones y variables suficientes para que esta decisión no sea meramente un procedimiento más o menos establecido. Es decir, que aquello que la teoría de juegos tradicional de la economía denomina acción racional, que es la acción que seguiría un jugador racional para obtener el mayor beneficio con el menor riesgo, no sea obvia, incluso cuando los objetivos del juego y sus condiciones de victoria sean claros.  
En este sentido, mi juego favorito creo que sin duda es el Twilight Struggle. Es un juego que se representa el desarrollo de la guerra fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Este juego ha sido considerado durante 5 años consecutivos el mejor juego del mundo según el ranking propuesto por el portal Boardgamegeek, lo que resulta bastante llamativo considerando que se trata de un juego que va en contra de gran parte de las tendencias de diseño de los juegos actuales. Se trata de un juego para dos jugadores, con una duración aproximada de 3 horas, pero que fácilmente se extienden a 5 horas, con alta dependencia al idioma y con un reglamento bastante complejo frente a juegos más populares. Sin embargo, el juego presenta una correlación entre la cantidad de acciones que deben ejecutarse y la cantidad de decisiones que deben tomarse, que reduce casi por completo las acciones meramente procedimentales. Es un juego en que cada acción que se ejecuta implica la toma de una decisión compleja y crucial, que muchas veces perjudica los intereses del mismo jugador que la ejecuta, pues cada carta que se juega introduce un evento histórico que modifica el escenario y la relación de fuerzas entre ambas potencias.
Otro juego que cabría mencionar es el Puerto Rico, que agrega a lo anterior una simpleza y una armonía en el diseño admirables. Y no podría dejar de hacer una referencia a los juegos de miniaturas, que proponen dinámicas y reglamentos a veces no tan pulidos, pero combinados con un despliegue visual y un trabajo de maquetación y escenografía que en ocasiones llega a ser un punto de intersección entre diferentes hobbys como los juegos de estrategia, el modelismo estático, las narrativas fantásticas, las figuras de acción coleccionables, etc.

¿Cuándo son los encuentros en Mar del Plata y quiénes pueden concurrir?
Los encuentros son todos los primeros viernes de cada mes en el Club Español, Hipólito Yrigoyen 1653 (segundo piso), a partir de las 18 hrs. Es un espacio abierto y gratuito de recreación y encuentro para personas mayores a 15 años que estén interesadas en jugar y conocer nuevos juegos.

Prof. Nicolás Martínez Sáez
Nota publicada en el diario La Capital de Mar del Plata. Buenos Aires, Argentina
https://www.lacapitalmdp.com/sobre-la-cultura-ludica-y-el-nuevo-auge-de-los-juegos-de-mesa/ 

lunes, noviembre 13, 2017

Juegos de mesa: “Nos estamos integrando a un mundo del cual estuvimos distantes”

Fabián Martínez Torre es docente, ludotecario y difusor de juegos de mesa. Fundador de Ludicamente y parte del equipo organizador del 6º Encuentro Nacional de Juegos de Mesa que se realizará los días 18 y 19 de noviembre en la ciudad de Mendoza. Antes, se refirió al auge de los juegos de mesa en nuestra actual sociedad hipertecnologizada.

¿Qué es Ludicamente y a qué se dedica?

Ludicamente es una entidad conformada por un equipo de profesionales con la misma intención y diversos saberes, que se dedica a la difusión y capacitación de, con y para los juegos de mesa, con una inclinación hacia los adolescentes, jóvenes y adultos. Realiza todo tipo de eventos lúdicos y organiza también capacitaciones. Asimismo realizamos encuentros de difusión abiertos en forma regular todos los segundos y cuartos sábados de cada mes. 

Próximamente se llevará a cabo el 6º Encuentro Nacional de Juegos de Mesa en la ciudad de Mendoza, ¿quiénes concurren a este encuentro y a qué se debe este auge de los juegos de mesa en nuestro país? 

El evento es abierto y gratuito, por lo tanto todo el mundo está invitado a participar. Desde el colectivo organizador consideramos dos tipos de públicos: los que ya forman parte del mundo de los juegos de mesa y los que aún no (el público masivo). Y tenemos ofertas para ambos públicos. Con respecto al momento que están viviendo los juegos de mesa en Argentina, tiene que ver con que formamos parte de un mundo globalizado, y (tecnologías mediante) nos estamos integrando muy de a poco al mundo del cual estuvimos distantes durante muchas décadas. En realidad esta creciente que están viviendo los juegos de mesa en el mundo, también se ve reflejada aunque en menor medida en nuestro país, gracias al trabajo de mucha gente que lucha para integrar a la Argentina al mundo de los juegos de mesa. En cuanto a la 6ª edición del Encuentro Nacional de Juegos de Mesa se realiza bajo el eje: “El Juego Bien cultural” y en pos de la federalización del mismo es que el año pasado se realizó en Córdoba y este en Mendoza, la organización está a cargo de un colectivo de agentes lúdicos, tales como La Cantera Ong; Tribu, Juegos que juntan; Mendozen; Espejo de Mundos; Tiempo de rondas; el FRA (Frente Rolero Argentino) y Ludicamente, y vienen a exponer y presentar sus juegos editoriales de todos lugares del país, y de países vecinos, también vamos a contar con presentación de prototipos de innovadores productores que apoyan el encuentro y se vienen desde lugares remotos. Porque el espíritu del ENJM es el Encuentro. 

¿Cómo han impactado los videojuegos en el mundo de los juegos de mesa? 

La industria de los videojuegos ya ha demostrado su potencial al exceder en facturación a la industria del cine; por ello resulta que tiene varias opciones en cuanto a capacitación, infraestructura y salida laboral. Esto de alguna forma ayuda a los juegos de mesa, ya que poseen la misma raíz y metodología de diseño, y un marco teórico similar del que se sirven mutuamente. 

¿Cuáles son los problemas que enfrentan los diseñadores y productores de juegos de mesa independientes? 

Muchos. En Argentina el primer inconveniente con el que debemos lidiar es la falta de cultura lúdica entre los adultos, en el siglo pasado nos hicieron creer que los adultos no debían jugar, que era improductivo. Consecuentemente en la actualidad no tenemos un mercado que tenga el volumen que debería ni que sea conocedor de los niveles de calidad que debería exigir como usuario. Luego todos los inconvenientes que esto trae aparejado, industria para producir en tiempo, forma, calidad y precio; la distribución es otro problema importante, solo por mencionar los más relevantes. 

¿Qué diferencias existen entre los nuevos juegos de mesa que se están desarrollando y los juegos más tradicionales (Juego de la Vida, Monopoly y TEG) que tanto se han expandido masivamente en nuestro país? 

Acá me gustaría hacer una aclaración, en la actualidad hay dos grandes líneas filosóficas en cuanto a los juegos de mesa. Una americana y otra europea, esta última es bastante joven (unos 20/30 años) y obviamente nuestro país aún no se ha dado por enterado (siempre hablando a niveles masivos o de jugadores tradicionales) de su existencia y es por ahí (creo yo) por donde viene esta “nueva ola” de juegos de mesa, o juegos contemporáneos o lo que algunos llaman juegos de autor. Aquí normalmente solo son ofrecidos los juegos clásicos (históricos) y los tradicionales (que son generalmente de la línea americana). 

¿En que se diferencian los juegos americanos de los europeos? 

Las diferencias son muy claras, por ejemplo unos son para muchos y tienen eliminación de jugadores y los otros, son para menos gente y si quieren jugar de a más hay expansiones o el tiempo de duración, unos son semieternos o al menos largos (midiéndose en horas) y otros rondan los 45/90 minutos. Unos hacen claro hincapié en la temática y son muy visuales y tiene muchas fichas muy elaboradas, generalmente en plástico, mientras que los otros hacen uso de materiales nobles (mucha madera) y poseen mucha simbología, poniendo el acento en la mecánica. Rescatamos, que ambos respetan al autor. Igualmente vale aclarar que el hecho de que un juego obedezca a una filosofía no implica que sea de ese lugar, en América se hacen euros y viceversa. 

Prof. Nicolás Martínez Sáez
Nota publicada en el diario La Capital de Mar del Plata. Buenos Aires, Argentina. Link: http://www.lacapitalmdp.com/juegos-de-mesa-nos-estamos-integrando-a-un-mundo-del-cual-estuvimos-distantes-games/

lunes, abril 24, 2017

Miguel Angel Quintanilla: “El futuro de la humanidad no está escrito por la tecnología”

Miguel Ángel Quintanilla es catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Salamanca. Ganador del premio de Ensayo Fundesco en 1988 con su obra “Tecnología: un enfoque filosófico” es un referente obligado para todo aquel que quiera indagar en las problemáticas surgidas en la rama más joven de la filosofía: la filosofía de la técnica. Conversé con él y con gran amabilidad contestó mis preguntas.

¿Qué relaciones existen entre la ciencia y la tecnología en la actualidad?

Las tecnologías más innovadoras y más eficientes se nutren de los resultados más avanzados de la investigación científica. Pensemos en las tecnologías de la información y la investigación en física del estado sólido. O en la tecnología armamentista y la física nuclear. Por otra parte, gracias a la tecnología, la ciencia puede explorar con nuevas herramientas ámbitos de la realidad que durante siglos se han considerado inaccesibles: el espacio, el cerebro, la biología molecular… Esto ha hecho que algunos expertos se inclinen a hablar del conglomerado “tecnociencia” como una nueva realidad, en la que se confunden valores epistémicos como la verdad o la objetividad y valores tecnológicos como la efectividad o la eficiencia. Creo que es un error. La ciencia y la tecnología están íntimamente entrelazadas en la sociedad actual, pero no son lo mismo. Si las confundimos corremos el riesgo de perder a una de las dos o a ambas: un proyecto tecnológico (si es científicamente viable) se puede hacer realidad por decisión política o por intereses económicos, pero su viabilidad científica sólo se puede establecer mediante el razonamiento y la demostración empírica.

¿Cuáles son los principales desafíos que presenta la filosofía de la tecnología?

Se ha desarrollado mucho en las últimas décadas. Pero su desarrollo ha estado muy condicionado por una visión determinista del desarrollo tecnológico. Poco a poco hemos ido entendiendo cada vez mejor que la tecnología es una empresa humana, y que su desarrollo no es ni automático ni ineludible. Necesitamos comprender mejor los factores que influyen en el desarrollo tecnológico, y asumir más activamente la responsabilidad humana sobre el mismo. Este sería el principal desafío de la filosofía de la tecnología: ayudarnos a comprender y a asumir nuestra responsabilidad sobre el desarrollo tecnológico.

¿En qué medida nuestro sistema económico y social depende de la innovación? ¿Cómo puede afectarlo la robotización masiva de empleos en las próximas décadas?

Los economistas piensan que la innovación es el factor más importante para el aumento de la productividad, y por eso es la fuerza que más decisivamente potencia el crecimiento económico y el bienestar social. Esto vale para muchos tipos de innovación, pero especialmente para la innovación tecnológica de carácter radical. Ahora bien, deberíamos acostumbrarnos a pensar en la innovación (y en el crecimiento económico) como una opción, no como una obligación. Ante cada encrucijada civilizatoria casi siempre hay una panoplia entera de posibilidades de acción, todas ellas con contenido innovador. El reto es optar por aquellas posibilidades tecnológicas que sean más coherentes con nuestros principios e intereses como seres humanos. Yo creo, por ejemplo, que es muy posible que en los próximos años desaparezcan millones de empleos en actividades rutinarias que podrán ser realizadas por nuevos robots, sencillos y baratos. Pero eso solo quiere decir que deberíamos estar ya tomando decisiones para ordenar la irrupción de la robótica en la vida cotidiana, en el mercado de trabajo, en la educación, etc. Es urgente.

El filósofo José Ortega y Gasset ha sido precursor de la filosofía de la técnica con la “Meditación de la técnica” de la década del treinta. ¿Qué vigencia tiene aún la obra de Ortega?

Creo que es, a pesar de su brevedad y sencillez, la obra más importante que se escribió en el siglo XX sobre la técnica. Sigue siendo de plena actualidad y yo recomiendo a mis alumnos que la tengan como libro de cabecera. Hay dos ideas allí que no deberíamos olvidar: la primera es que la técnica es parte esencial de la condición humana (somos humanos porque creamos nuestra propia realidad transformando el entorno a través de la técnica). Y la segunda es que esa condición humana es esencialmente creativa: no usamos la técnica para satisfacer nuestras necesidades, sino para inventárnoslas (para satisfacer nuestras “necesidades superfluas”, dice Ortega, con su peculiar estilo).

¿Cuál es su opinión respecto del transhumanismo y su postulación optimista de un futuro de fusión entre el ser humano y la tecnología?

No me desagrada la música, pero sí la letra de la canción transhumanista. Creo que en el trasfondo hay una visión determinista de la técnica con la que no estoy de acuerdo. El mismo objetivo de “fusión del ser humano y la tecnología”, chirría en mi visión de la técnica: ésta es, en si misma, parte y resultado de la actividad humana intencional. Es cierto que el propio desarrollo tecnológico puede llevar a cambios radicales en la especie humana. Pero no estoy tan seguro de que los cambios, por ser radicales y nuevos, sean en sí mismos deseables. El futuro de la humanidad no está escrito por la tecnología actual: al revés, la humanidad actual tiene en sus manos la responsabilidad de definir cómo va a ser la tecnología del futuro. Creo que siempre debemos tener en cuenta cuáles son nuestros objetivos humanos y debemos hacer que nuestras innovaciones tecnológicas respondan a ellos. Hay un principio moral que me parece que deberíamos mantener en filosofía de la tecnología y que dice algo así como “No todo lo que se puede hacer debe ser hecho”. A veces el discurso transhumanista parece responder al principio contrario: “Todo lo que se pueda hacer se hará”. No estoy de acuerdo.


Prof. Nicolás Martínez Sáez
Nota publicada en el diario La Capital de Mar del Plata. Buenos Aires, Argentina.

lunes, marzo 20, 2017

Entrevista a Martín Hilbert: "La tecnología no es determinista, hay que construirla socialmente"

Martín Hilbert es alemán, Doctor en Ciencias Sociales y PhD en Comunicación. Es profesor en la Universidad de California y asesor tecnológico de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, tiene un enfoque multidisciplinario que se centra en las relaciones entre las comunicaciones, la información y la economía desde la perspectiva de los sistemas complejos. Conversé con él sobre Big Data, sus consecuencias en la vida cotidiana, su utilización en la política y los problemas filosóficos que genera.

¿Qué es el Big Data y cómo puede influenciarnos en nuestra vida cotidiana?

MH: La expresión Big Data se refiere a que los datos son muy grandes y, realmente, son muy grandes. Los datos crecen a una tasa anual del 30%, especialmente los datos digitales. La economía, cuando crece y nos va bien, crece entre 1% y 5%. En el mundo de hoy, según mis estimaciones, se pueden almacenar 5 zetabytes (ZB). Un zetabyte es un 1 con veintiún ceros (1021 bytes), un número muy grande. Si usted tomaría esta información y la pone en libros formando una pila, ¿hasta dónde cree que esta pila llegaría? ¿llegaría hasta la Luna o hasta el Sol? La verdad es que, en el año 2014, cuando hice la última estimación, esta pila llegaría 4.500 veces al Sol y cada dos años se duplicaría. Hoy probablemente habría 8.000 pilas que llegan al Sol. Por lo tanto, es mucha información cuando se la compara con la información de la vida, incluso con la de nuestro ADN. La información digital ya es cinco veces más grande que la información ADN en cada célula de cada ser humano.
Creo que es importante entender qué masivo es esta huella digital que dejamos sin saber. La dejamos, entre otros, con nuestros celulares. En África, donde el 50% de la población no tiene certificado de nacimiento y sin embargo poseen celulares que han penetrado en la sociedad en un 90%, se supone que cuando un celular camina por la calle existe una persona ligada a ese celular porque no se tiene otra evidencia de que existan estas personas. Simplemente se está mapeando esta realidad social que antes no existía.
Si usted tiene Gmail o Google Maps instalado en su teléfono, hay una página (www.google.com/maps/timeline) donde se puede ir y ver dónde usted estaba en los últimos tres años. En cualquier caso no lo comparta con su esposo o su esposa porque lo va a llevar a discusiones muy interesantes (risas) pero Google lo sabe y nosotros le damos el permiso cuando aceptamos los términos de la licencia al instalar la aplicación. ¡Sí, todo el texto que hacemos scroll hacia abajo sin leer! Del otro lado, Google nos dice: “nosotros le damos estos servicios gratis y ustedes nos pagan con sus datos”. Es un modelo de negocio y cuando hablás con la gente de Google no hay ninguna mala conciencia, es un negocio donde hay servicios gratuitos como Gmail o Google Maps a cambio de datos.
La tecnología de Big Data también está siendo utilizada por diversas empresas privadas. Por ejemplo los Call Centers. Cuando uno llama a una central de asistencia telefónica siempre escucha un mensaje como: “Este llamado podría ser grabado…” y claro…usted piensa que puede ser el jefe de recursos humanos que escucha para controlar que lo traten bien. Bueno, eso no es lo que pasa. Serían muchas llamadas para el pobre jefe de recursos humanos (risas). En un porcentaje grande de los Call Center son cerca de 10.000 algoritmos que lo escuchan a usted mientras habla, clasifican su personalidad en seis diferentes cajas, si usted está motivado por emociones, acciones, etc. Este análisis se hace en tiempo real y para que funcione sólo necesita tres o cuatro frases suyas. Luego se lo conectará con una persona del Call Center que tenga la misma psicología que usted para aumentar la satisfacción de su llamado.

En un reciente artículo usted explica que en las campañas presidenciales 2012 de Obama y 2016 de Trump se ha echado mano del Big Data. ¿Cómo es que los políticos han obtenido ventajas de esta tecnología? ¿Cómo han logrado acercarse a los votantes por medio de las redes sociales?

MH: Obama fue pionero en esto y en su campaña 2012 gastó 1.000 millones de dólares para contratar cuarenta ingenieros de compañías como Twitter, Google, Facebook, tres profesionales de póker, un experto en células madres etc. y estas personas crearon perfiles de 16 millones de votantes indecisos en EE.UU. Antes se tenía una lista, unas pocas estimaciones y menos categorías para cada persona. En 2012 ya eran 16 millones de personas con innumerables características que se obtienen de diferentes bases de datos. El resultado de esto es la posibilidad de hacer un marketing personalizado. Y si estás a favor del aborto o en contra del aborto, dependiendo de eso, será el mensaje que recibas. Y si Obama tiene 50 ideas con las que no estás de acuerdo sólo te mandará las tres ideas con las que sabe que estarás de acuerdo. Con el tiempo, te estará convenciendo hasta que llegues a decir: “Ah, mirá que bien esto, me gusta lo que Obama dice”. Este es el target marketing que se hace uno por uno y, a través del cual, también se puede contactar a los amigos de los indecisos. Esto posibilita predecir con una exactitud impresionante los resultados de la votación, y la posibilidad de cambiar el 80% de los votantes no decididos. Estos 1.000 millones de dólares realmente valieron la pena porque hicieron ganar a Obama la elección.
Cuatro años más tarde, en las elecciones del 2016, Trump lo hizo con 250 millones de perfiles. En el debate con Hillary Clinton, Trump planteó un argumento, los algoritmos crearon 175 mil versiones de este mensaje con variaciones en la imagen, el color, el subtítulo, la explicación etc. y se enviaron de manera personalizada. Si Trump decía “estoy de acuerdo con el derecho a poseer armas”, las personas miedosas recibían ese mensaje con una imagen de un criminal entrando en una casa y las personas patriotas recibían el mensaje con una imagen de un tipo que se está yendo de caza con su hijo. Dos versiones del mismo argumento de Trump, pero aquí crearon 175 mil versiones de este mensaje.
Es un lavado de cerebro que nada tiene que ver con la democracia. George Orwell se pegaría un tiro si estuviera vivo porque ni él se imaginó algo así. Los mensajes te dicen exactamente lo que quieres escuchar. Esto es populismo puro. La democracia siempre estuvo ligada a las posibilidades informacionales que tenía cada sociedad. Para Aristóteles la democracia no podía funcionar más allá de un radio de 70 km ya que la información no podía viajar más que esa distancia en un día. En EE.UU. se crearon los colegios electorales por cada Estado porque el viaje en caballo de costa a costa tardaba una semana. Como la información no era accesible a la gente, se necesitó todo este constructo representativo. En cambio, con la tecnología actual todo este constructo puede ser convertido en una dictadura informacional. Esto es lo que más me preocupa y hay que decirlo abiertamente ya que la democracia representativa de esta manera no funciona y es completamente inútil.

En una entrevista, el historiador israelí Yuval N. Harari sostuvo que si se disponen de suficientes datos biométricos los algoritmos nos dirán qué estudiar, a quién votar y con quién casarnos, ¿saben los algoritmos más de nosotros que nosotros mismos? ¿tomarán ellos decisiones por nosotros?

MH: Una vez que hayas hecho entre 100 y 250 “Me gusta” en Facebook, es posible predecir tu orientación sexual, tu origen étnico, tus opiniones religiosas y políticas, si usas drogas y si tus padres son separados o no. Con 150 “Me gusta”, los algoritmos pueden predecir el resultado de tu test de personalidad mejor que tu pareja. Con 250 “Me gusta”, mejor que tú mismo. Este estudio, realizado en Cambridge, fue tomado por un empresario que creo Cambridge Analytica, la empresa que contrató Trump para la campaña. Cuando usted le daba un “Me gusta” a la página de Facebook de Trump, éste podía acceder a ti y a tus amigos. Así hizo la campaña. Por otro lado, Netflix, por ejemplo, es capaz de saber exactamente quién eres con un 84% de exactitud con los datos de entre seis a ocho películas que usted esté evaluando para ver.

En el libro Big Data. La revolución de los datos masivos, V. Mayer-Schönberger y K. Cukier, señalan la ventaja que significó la utilización de las miles de consultas en Google para identificar a los afectados por el virus de la gripe aviar y porcina H1N1 en el año 2009. Sin embargo estaría la posibilidad de que una prestadora de servicios de salud, por ejemplo, posea datos sobre los alimentos que compramos, nuestras actividades físicas, etc. y nos rechacen como afiliados o aumenten el abono a aquellos que somos sedentarios y comemos seguido en hamburgueserías rápidas. ¿Podrían los datos atentar contra el individuo? ¿Se debe limitar el Big Data?

MH: Pues sí, el Big Data es una tecnología que se puede usar para el bien o para el mal. Un martillo se puede usar para colgar un cuadro y no se puede colgar un cuadro sin algo similar a un martillo, se necesita uno. Pero también con un martillo se puede matar a alguien. No es la culpa del martillo, es simplemente una herramienta y el Big Data es una herramienta tecnológica. Obviamente la idea es usarla para lo bueno, para lo que se llama constructivismo que es lo contrario al determinismo. Y el Big Data es una tecnología y no es tecnológicamente determinística como ninguna tecnología lo es. Por otro lado, no es tan nuevo el uso de datos para rechazar afiliados o aumentar un abono sino que siempre se han usado para fijar o discriminar precios. Un joven de 21 años con un auto deportivo va a pagar más seguro de auto que una madre con un auto familiar y dos niños, porque la probabilidad que el joven haga un accidente es más alta que la madre que lleva a los hijos en el auto y que por eso va a manejar de manera más cautelosa. Ya es así y no necesitamos el Big Data porque estamos muy acostumbrados a eso. También la discriminación de precios para un economista no es nada malo porque la oferta y la demanda van así y se pregunta: ¿cuánto estás dispuesto a pagar por un producto? Con el ejemplo del seguro de salud, en algunos países, se dice que no se debe discriminar por eso y ésto es una pregunta política. Si una sociedad cree que no se debe discriminar en el caso de salud entonces hay que poner leyes. En EE.UU. no es tan claro, se da la discusión si se debe discriminar o no en salud. Pero no es cosa del Big Data, sino que la sociedad tiene que crear las leyes para que la misma sociedad pueda hacer algo bueno con la tecnología. Insisto: la tecnología no es determinista, hay que construirla socialmente.

Algunos divulgadores del Big Data afirman que "los datos hablan por sí mismos" y que en el futuro "el mundo se guiará más por datos que por las hipótesis". C. Anderson lo ha dicho con todas las letras en un artículo de la revista Wired: "es el fin de la teoría". Por el contrario, algunos filósofos que piensan el tema, como el coreano Byung-Chul Han, sostienen que hoy, frente a la abundancia de datos que hacen tanto ruido, las teorías son más necesarias que nunca. Los datos masivos, ¿requieren de una teoría que aclare el mundo antes de explicarlo o pueden prescindir de ella?

MH: Cada dato por definición viene del pasado. Tiene que venir del pasado porque una vez que lo registramos, en ese momento ya pasó. La expresión “tiempo real” no funciona. De los datos mismos la única recomendación que se puede hacer es que el futuro sea igual al pasado. El problema es que queremos que el futuro sea diferente del pasado. Queremos un mundo sin contaminación, sin pobreza, sin guerras y no tenemos datos de un mundo sin contaminación ni de un mundo sin pobreza. Los estadísticos dicen: “tenemos en el norte de Europa un país donde no hay pobreza como Suecia y podemos extrapolar sus datos para evaluar la pobreza de América Latina”. ¡No! ¡Así no es la cosa! El problema es que no tenemos datos sobre una América Latina sin pobreza y lo que podemos hacer es “en teoría” imaginarnos una América Latina sin pobreza, pero esto es “en teoría”. Los datos mismos no nos lo pueden decir. Por lo tanto, la teoría, todavía, es muy importante.
Una teoría no siempre es una visión de un genio sino que puede ser un modelo cuantitativo. Por ejemplo, hoy en día usamos muchas simulaciones computacionales, es como jugar SimCity, donde recreamos sociedades sin contaminación, sin pobreza y vemos lo que pasa y muchas veces nos sorprende. De repente, jugando al SimCity, sube la tasa de desempleo y no sabes porqué, es como el gobierno que tampoco sabe porqué (risas). Si quiero cambiar el futuro necesito visión, teoría para hacer del futuro algo diferente al pasado y ese es el problema. Si nos quedamos solamente con los datos, nos quedamos en el pasado, nos quedamos discriminando mujeres, discriminando diferentes razas, etc.

Mayer-Schönberger y Cukier presentan el Big Data como una nueva certeza que ocupa el lugar del "Dios muerto", expresión utilizada por F. Nietzsche, profeta del nihilismo del siglo XX. ¿Estamos a la puerta de una nueva religión de los datos o dataísmo como lo ha llamado Harari?

MH: No es una nueva religión. Simplemente es más conocimiento. Los datos nos posibilitan obtener información, justamente a partir del análisis de datos hecho con Inteligencia Artificial, porque nuestro cerebro ya no da para procesar tanta información. De ahí obtenemos patrones que nos permiten conocernos a nosotros mismos mucho mejor. Entonces el Big Data es la última fase de un proceso muy largo que se podría llamar conciencia, es decir, la “conciencia sobre nosotros mismos”. Ahora tenemos datos a un nivel macro donde se puede observar la sociedad en tiempo real. Las grandes figuras de las ciencias sociales como Adam Smith, Max Weber, Karl Marx se volverían locos de qué fantástico es hacer observaciones hoy en día. ¡Adam Smith se fue tantas veces a visitar y observar fábricas con su papel y su lápiz! Hoy en día se podría sentar en su silla y, a través de la pantalla, observar todo lo que pasa en la fábrica y hacer teoría económica. Max Weber podría observar la sociedad en tiempo real y obtener sus teorías.

Con el Big Data estamos conscientes de nosotros mismos, creamos una conciencia sobre lo que pasa en la sociedad y por eso también las ciencias sociales van a ser cada vez más importantes. El Big Data permite, realmente, hacer una ciencia de los estudios sociales ya que ahora tenemos datos. Antes las ciencias sociales eran las ciencias con menos datos y solíamos hacer algunos experimentos con estudiantes de pregrado y de ahí sacábamos conclusiones. Teníamos un censo cada diez años pero la verdad es que no teníamos muchos datos comparados con los físicos o los biólogos. Los biólogos siempre dijeron sobre los estudios sociales “eso no es ciencia, no tienen datos”. Pero ellos no saben dónde están las ballenas en el mar. Hoy nosotros sí sabemos dónde están las personas, pero también sabemos qué compran, qué comen, cuándo duermen, cuáles son sus amigos, sus ideas políticas, su vida social etc. Hoy en día somos la ciencia tal vez más completa de datos porque casi cada uno de los 7 billones de sujetos de estudio tienen un sensor encima las 24 hrs. que deja una huella digital y que nos permite entender la sociedad mejor, tener una conciencia, un conocimiento de qué pasa en la sociedad. Por lo tanto, no es una religión sino simplemente un nuevo paso grande en el proceso largo de conocernos a nosotros mismos, un proceso que existe desde cuando existe la conciencia.

Prof. Nicolás Martínez Sáez
Nota publicada en el diario La Capital de Mar del Plata. Buenos Aires, Argentina.
Link: http://www.lacapitalmdp.com/la-tecnologia-no-es-determinista-hay-que-construirla-socialmente/

domingo, febrero 12, 2017

Juegos malditos

El pensador holandés Johan Huizinga (1872-1945) sostenía que el juego era más viejo que la cultura, y que los animales no tuvieron que esperar la aparición del hombre para que este les enseñara a jugar. Para este autor el juego es fundamento de la cultura ya que es capaz de crear orden. Nosotros llamamos “juego” a actividades humanas diversas: alguien juega un partido de fútbol, un grupo de personas juegan en un tablero de mesa, una niña juega a saltar una soga etc. Tales actividades pueden parecernos simplemente neutras, inocentes y pasatiempos con interacción social. También solemos hablar de “juego” cuando un deportista compite profesionalmente y, además, vive ello como un trabajo. En ningún caso, menos en este último, son opuestos el concepto de “juego” y el de “seriedad” ya que todo juego puede ser jugado con la máxima seriedad. En uno de sus famosos aforismos, Nietzsche nos decía que “la madurez del adulto es lograr reencontrar la seriedad con la que se jugaba de niño.”

Es evidente que no a todos les gusta jugar. Sin embargo, nada puede parecer más extraño y asombroso como leer, en las noticias que asoman este inicio de año, a Ahmet Mahmut Ünlü, un telepredicador autoproclamado integrista suní, condenando al juego de ajedrez por fomentar la mentira y sosteniendo que “en lugar de practicar este juego y otros juegos del demonio, mejor sería rezar” (ABC, 07/01/2017). Esta condena no es un sermón aislado sino que viene a sumarse a la fatua del año pasado, cuando el mutfí (autoridad religiosa) de Arabia Saudita, Abdul-Aziz ibn Abdullah, declaró que el Islam prohibía el ajedrez por fomentar el juego, incentivar las apuestas de dinero, ocasionar pérdida de tiempo y generar odio entre quienes juegan (ABC, 21/01/2016). En el siglo XX, tras liderar la Revolución de 1979 y tomar el poder político de Irán, el imán Jomeini prohibió al ajedrez hasta el año 1988 a pesar de que muchos fundamentalistas siguieron pensando que este juego era obra de Satán.

El intento de prohibir por peligroso un juego, en este caso el ajedrez, no es ninguna novedad. Durante la Edad Media, teólogos cristianos de la ortodoxia como Pedro Damián (1007-1072) y Bernardo de Claraval (1090-1153) condenaron y consideraron al ajedrez como un juego diabólico que alteraba la paz social. En aquellos tiempos, las apuestas en este juego eran habituales y un motivo de enojo para las autoridades religiosas. El ajedrez desciende de un antiguo juego de la India y pasa a Persia, entre los siglos III y VI de nuestra era, donde se ven modificadas sus reglas. Cuando los musulmanes conquistan Persia en el siglo VII difunden el juego por todo el Califato. Entre los siglos X y XII, con el desarrollo comercial europeo y el intercambio con Oriente, los musulmanes introducen el ajedrez en el actual territorio español del al-Ándalus. Un mayor reconocimiento hacia las mujeres, visible en la poesía trovadoresca cortesana y coincidente con el culto a la Virgen María, tiene lugar en la Europa medieval del siglo XII presionando la introducción de la Dama en el tablero de ajedrez, una pieza que hasta entonces no existía. Lo hará de modo revolucionario: la Dama podrá moverse en toda dirección y con máxima libertad respecto al resto de las piezas. En su Libro de los juegos en siglo XIII, el rey Alfonso X de Castilla, con un reinado acechado por sucesivas guerras y rebeliones, escribe uno de los primeros tratados sobre el ajedrez interesándose, entre otras cosas, por analizar un problema técnico del juego que también tenía implicancias en su propio reinado: el exceso de jaques al Rey. Alfonso X consideraba a los juegos como una “manera de alegría” querida por Dios para aliviar los sufrimientos de la vida humana y, aunque mantenía cierta desconfianza hacia los juegos de dados, vinculaba el origen del ajedrez con el debate filosófico\teológico entre tres sabios. Así entonces, utilizó al juego como metáfora de un problema relevante para la sociedad de su tiempo: ¿es mejor guiarse por la inteligencia (libertad) o hacerlo por el ciego azar (abandono a la suerte)? El ajedrez, sostuvo el rey Alfonso, fue creado por un sabio que creía en lo primero.

A pesar de su origen oriental, las idas y venidas del ajedrez lo han vuelto un juego icónico y paradigmático de Occidente. Muchos recordarán que en 1972, plena Guerra Fría, un partido de ajedrez puso frente a frente, y en una batalla simbólica, a dos cerebros de ideologías en pugna: el triunfo del norteamericano Bobby Fischer sobre el soviético Boris Spassky anticipó el triunfo del capitalismo sobre el socialismo. Cuando Estados Unidos se convertiría en la única superpotencia bélica y tecnológica, una empresa como IBM desarrollaría un software llamado Deep Blue que vencería, en la década del noventa, al campeón mundial de ajedrez Gari Kaspárov. Con los cambios en el presente siglo en el orden político y económico mundial, hasta el estratega y diplomático Henry Kissinger, en su libro China (2011), se animaba a dar una explicación lúdica del mundo haciendo una analogía entre el pensamiento estratégico occidental y el ajedrez, por un lado, y entre el pensamiento estratégico chino y el wei qui (juego de mesa chino conocido también como GO) por el otro. En el ajedrez, afirma Kissinger, se busca el control y la victoria total, es una batalla por todo o nada, en cambio en el wei qui se busca una batalla prolongada que tiene como objetivo rodear lentamente las fichas del adversario limitando sus movimientos hasta lograr encerrarlo. 

Como se ve, el ajedrez es mucho más que un juego inocente e inocuo. Lo dicho también le cabe a casi todos los demás juegos. Diríamos entonces que no hay juegos neutros sino que siempre son posibles de interpretarse de las más diversas formas. Tampoco podemos descubrir, en la gran mayoría de los casos, quién fue su inventor\creador y cuáles fueron sus intenciones originales ya que casi todo juego es más una composición colectiva realizada a través de los años o siglos que una obra individual. Cada tiempo histórico, cada cultura moldea sus juegos dejando traslucir en ellos valores, sean estos éticos, políticos o económicos, reflejando problemáticas sociales o culturales o apelando a mecánicas que respondan al espíritu de época (hoy se habla mucho de juegos inclusivos y no competitivos). No es casual que juegos de mesa modernos como el Monopoly (en la versión argentina conocida como Estanciero) sea uno de los juegos más vendidos del siglo XX, un siglo de abrumadora consolidación de monopolios comerciales. Cuando Fidel Castro tomó el poder de Cuba en 1959 prohibió todos los ejemplares de este juego intentando evitar así la influencia de la cultura capitalista. La cruzada contra los juegos, sin embargo, parece escalar también en el mundo digital. Recientemente el Pokémon Go, el videojuego de realidad aumentada y que pone en primer plano el debate sobre el borroso límite entre lo humano y lo tecnológico, no corre distinta suerte que la del ajedrez o la del Monopoly cubano. Acaba de ser prohibido en China, Arabia Saudita, India, Irán, Tailandia, Indonesia, Malasia y Egipto. Los motivos son diversos pero se lo considera desde una amenaza a la seguridad nacional hasta un juego antiislámico que promueve las apuestas, las imágenes prohibidas, la corrupción y las adicciones.

Las personalidades autoritarias no gustan de jugar. Viven en un mundo demasiado serio, jerárquico y controlado como para distraerse con “cosas de niños”. El autoritario se siente inseguro en el juego, porque el juego es una caja de Pandora, un terreno de espontaneidad, azar y libertad que amenaza su capacidad de mandar con fe o sinrazón en la vida del prójimo. La filósofa Graciela Scheines escribió que “jugar es interrumpir el orden que rige la vida cotidiana, romper ese mapa que nos sirve para manejarnos en la realidad de todos los días, y sumergirnos en la realidad colmada de objetos tal como aparecen […] cuando uno entra en un juego, su historia personal se interrumpe y uno circula por un tiempo que se come la cola, redondo, circular. Dentro del juego no rigen ni las jerarquías, ni los valores, ni las escalas éticas, ni los prejuicios que reinan afuera. En el juego son las reglas lúdicas las únicas soberanas.” 

Los maestros antiguos griegos sabían muy bien la importancia del juego en la formación de ciudadanos libres. No la fuerza sino el juego podría instruir al niño y hacerlo conocer mejor para qué está dotado cada uno. Perseguir y condenar el juego es como perseguir y condenar la lectura o el cine. ¿Llegará el día en que algún intolerante nos detenga en la calle para saber si acaso no escondemos un alfil en el bolsillo?

Prof. Nicolás Martínez Sáez

Nota publicada en el diario La Capital de Mar del Plata, Buenos Aires, Argentina.