miércoles, enero 04, 2017

Entrevista a Antonio Escohotado: “Salvo los ricos, nadie temió al comunismo antes de que se pusiera en práctica”

Antonio Escohotado (Madrid, 1941), filósofo español y quizás uno de los pensadores actuales más profundos de habla hispana. Traductor de Hobbes, Jefferson y Newton, comenzó su carrera escribiendo sobre los presocráticos, mitología occidental, crímenes sin víctima y hasta un tratado de Metafísica, a la cual define como “poesía en prosa”. Polémico por su famosa obra “Historia general de las drogas”, de 1.600 páginas, que le valió una denuncia por apología a la droga precisamente durante su visita a la Argentina hace veinte años, emprendió la titánica tarea de documentar y contextualizar las manifestaciones comunistas desde el siglo I a.C., cuando aparecen las primeras noticias escritas. El primer tomo de “Los enemigos del comercio” salió en el año 2008, el segundo en 2013 y el tercero se acaba de editar en el mes de Noviembre. Escohotado afirma que ha escrito esta trilogía para autoaclararse de un pasado en que, según sus palabras, ha sido más rojo que la muleta de un torero.     Con amabilidad y generosidad accede a contestar unas preguntas por correo electrónico.

Alguna vez usted habló sobre “el miedo a uno mismo” y “el miedo al prójimo”, ¿pueden estos títulos resumir sus obras “Historia General de las drogas” y “Los enemigos del comercio” respectivamente? ¿Es el miedo el sentimiento que permite explicar tanto el rechazo hacia el consumo de drogas como hacia al comercio?

AE: Sí, mientras eso no implique simplificar la cuestión, una de las más complejas entre las imaginables. Por lo que respecta al primero de los miedos, toda suerte de droga psicoactiva nos expone ora a la introspección ora a exteriorizar el temperamento -por no decir que siempre a ambas cosas- y abundan quienes temen conocer su intimidad, así como los avergonzados por aquello que hicieron al calor de la ebriedad. De ahí que la “sobria ebrietas” grecorromana sea el compromiso moral y el arte de aprovechar la efusión psíquica, adentrándonos con denuedo en los pliegues del inconsciente, y al tiempo evitando los trances de idiocia o agresividad que fundan la resaca de gentes con mal vino, por ejemplo, o de los que toman cocaína y éxtasis para hablar interminablemente de sí mismos. Proyectada como defensa de los demás, la guerra a La Droga (un universal infundado, dada su variedad intrínseca) es una empresa tan absurda como batallar contra los coches, la dinamita o el ingenio químico, y su destino invariable es triunfar fracasando.    
El miedo a los comunistas resulta más evidente, porque su pretensión de poner primeros a los últimos es la fórmula más sintética de preconizar no ya discordia genérica sino violencias inmediatas.  Prolegómeno de todo, la expropiación del prójimo pasa por ser un acto de restituir, que se retrotrae a una igualdad material tan originaria como solo fabulada, y caso de sacarse adelante –por supuesto con ayuda de censores, verdugos, leyes secretas y retroactivas, etcétera- vuelve a incurrir en la dinámica de triunfar fracasando. La conquista del pan se convierte en crisis de la harina, y todo lo requisado desaparece en el pozo sin fondo del autócrata que sin haber trabajado nunca se nombra mesías del trabajo, dispuesto a traer coactivamente un paraíso terrenal marcado por desnutrición y desabastecimiento. Salvo los ricos, nadie temió al comunismo antes de que se pusiera en práctica, pero desde entonces su principal adversario es el trabajador.    
        
En sus libros, conferencias y artículos, he logrado ver un notable esfuerzo de síntesis entre dos filósofos que, por lo menos desde la Academia, suelen presentarse como contrarios: Kant y Hegel. Las tesis del hombre como fin en sí mismo (Kant) y del hombre como medio (Hegel), ¿pueden ser compatibles?

AE: Ambos consideran al ser humano como fin en sí. Solo me explico suponer otra cosa desde un equívoco en torno al concepto de finitud, que para Kant es mera imperfección humana y en Hegel el medio para trascendernos. El espíritu se realimenta con la constante superación de lo inmediato, pero eso no quiere decir que el individuo sea nunca algo distinto de lo santo e inviolable para cualquier otro individuo.

Su trilogía de los Enemigos del comercio parece ser la mayor reivindicación, desde el mundo intelectual, a los comerciantes. Los intelectuales, en general, los han ignorado y la clase política los ha exprimido con impuestos. ¿No es su trilogía una afrenta contra todos aquellos que han ocultado a estos verdaderos héroes de la Historia Universal, es decir, los que han hecho del comercio una actividad útil para el prójimo?

AE: A diferencia de las relaciones impuestas con mayor o menor fundamento –la religión, la nacionalidad, lo acostumbrado-, el comercio inaugura una esfera volitiva por naturaleza, donde cuanto más progresa la afluencia más se consolida el derecho a la excentricidad, una libertad de hecho que orienta la labor y el gasto de cada uno en la dirección personalmente elegida. Tras milenios de escasez, la explosión de abundancia e inventiva que culmina en internet refleja la creación de capital derivada de que vaya cundiendo el  fabricante/inventor, principal filántropo de nuestros días. Ahora sabemos que el activo más valioso es la innovación, un factor tan indeseable para las sociedades de naturaleza clerical-militar como vital para las comerciales.
Creo que mi trilogía alterna panorámicas generales sobre cada época con una galería de protagonistas, tanto amigos como enemigos del comercio. Sesgada ideológicamente, y lacunaria por pereza a la hora consultar fuentes primarias, la historia que cuentan escuelas y universidades se deja en el tintero lo mismo a Francis Place que a Cobden o Carnegie, porque en vez de promover bilis rabiosa cultivan la compenetración llamada armonismo, pero no mirar ese lado del cuadro solo logra hacer menos amena y concreta la secuencia de hechos.   
    
Luego de la trilogía…¿sobre qué tema seguirá estudiando y escribiendo?

AE: No tengo ni idea, ni dedico un minuto a esa cavilación. Cada hora tiene su afán, y el mío de momento es celebrar que saqué adelante una autoaclaración quizá útil para terceros. Juego al ajedrez online, hago algo más de vida social, leo poco y básicamente floto sobre la existencia, libre de toda prisa por la sensación de haber dado a luz. Morirse estaría bien, cuando lo fundamental se cumplió, pero tampoco es cosa de acelerarlo.       

Prof. Nicolás Martínez Sáez